sábado, 12 de mayo de 2012

Límites y marcas de azotes


Autor: Marita Correa

Una de las cualidades que más admiro en un spanker, es su capacidad de saber dónde está el límite del castigo y cómo administrarlo,  más aún,  cuando es una primera cita.
El spanker no conoce a su compañera de juegos, por mucho que se haya hablado antes del encuentro y lo que es moderado para uno, a lo mejor para el otro no lo es tanto.
La spankee puede tener una piel demasiado frágil lo que no quiere decir que aguante menos la intensidad del castigo, pero los hematomas aparecerán con mayor facilidad, tampoco el spanker sabe su forma del sentir al ser azotada, si sus quejas son fingidas y es parte de su juego o de verdad para ella está siendo demasiado duro, pero nuestro educador por muy primera cita que sea, tiene que hacer saber a la spankee lo que es un castigo, que sepa que está siendo nalgueada porque lo merece y lo desea y debe ser duro en su justa medida.
En días posteriores, cuando la spankee vea una silla, no la rechazará por miedo a sentarse, sino que al hacerlo, por un instante, un placentero escalofrío recorrerá su cuerpo y una sonrisa alumbrará su cara.



Cada día frente al espejo, mirará el resultado de su mal comportamiento, y su secreto deseo hecho realidad,  verá cómo el colorido de sus nalgas irá cambiando de tonalidades, una gama de rojizos, azules y violáceos que irán disminuyendo con el paso de los días, lo que a mí como spankee me causa siempre una cierta tristeza.
¡¡Para que luego digan que el spanker tiene la parte fácil de todo esto!!

3 comentarios:

gavi dijo...

Hola Marita.
Antes que nada, muchas felicidades por tu abundante producción de buenos artículos. :)
Ahora, paso a comentar sobre éste en particular.
Sólo decir que, pues no coincido con tu calificación a los diferentes estados en los que queda un culito después del "castigo". Te diré que de mi parte, yo le pondría un tachecito a todos, y paso a explicarme.
Yo soy spankee, y soy un pésima masoquista, como digo yo, soy más bien masoquistoide. A mi las nalgadas me excitan desde luego, pero mi zona masoquista esta muy bien delimitada y limitada y ésta es, únicamente las nalgas, entonces, cualquier manotazo fuera de ellas, ocasiona un dolor que ya no me gusta. Así que esa zona enrojecida donde acaba la nalga e inicia el muslo, me espeluzna un pelín, porque ya he recibido algún manotazo ahí y aaaaaauuu nooooooo!!!! la excitación se me puede ir al traste.
Para mi las nalgadas son 100% un juego, erótico, así que sufrir de verdá verdá, pos no. Por muy "castigo" que se supone que sean y de hecho, que sean un "castigo" es lo más excitante para mi :)

marita correa dijo...

Me alegro Gavi que te gusten mis pequeñas aportaciones a este blog, estoy muy halagada que Fer haya contado conmigo, y también me alegro que me hayas dado tu opinión sobre el tema de las marcas. Considero que lo importante es saber lo que te gusta, hasta donde quieres llegar, y rechazar todo aquello que no te haga disfrutar, si además te compenetras con la persona con la que juegas el resultado es sublime.
Y es verdad que el castigo es un juego 100% erótico, no es solo tumbarse y esperar a que te azoten sin más, sino que desde esa mirada del spanker hasta el abrazo final, hay todo un mundo de sensaciones para deleitarse y gozar.
Un saludo

Ana Karen Blanco dijo...

Hummmm... Primero, voy a coincidir con mi primi que tus aportes son excelentes, Marita!
En cuanto a los azotes... creo que es muy pero muy personal. Y si gozas con el dolor que te causa el azote (y todo el entorno de la escena que lo provoca), para mí eres masoquista, más allá que te guste o soportes una nalgada más o menos potente, porque eso ya va en gustos y en el techo de dolor que tenga cada uno. Como digo, es algo personal.
Hay personas que quieren y disfrutan las nalgas con verdugones, con morados y demás. Eso para mí no es saludable y NO lo quiero PARA MÍ. Y yo sí soy masoquista y aprendí a disfrutar los azotes en varias partes del cuerpo, pero hay veces que no soporto el dolor, no me gusta. Para mí el dolor debe ser el vehículo que me conduce al placer, no al sufrimiento, porque sino, como dice Gavi, se pierde toda la excitación...
Besos a ambas!