martes, 27 de junio de 2017

No sé si besarte o azotarte II



La idea de azotar a una mujer era tan popular que frecuentemente era incluido en campañas publicitarias. Los Estudios se sentían seguros de que el público quería ver a las actrices más populares de Hollywood siendo disciplinadas. Los estadounidenses temían a las mujeres liberadas y seguramente no había nada más espantoso que estas estrellas ricas, jóvenes y promiscuas. Las revistas de cotilleos divulgaron con frecuencia los comportamientos de las actrices y apuntaban cuánto merecían éstas unos buenos azotes. Cosa que a veces ocurría en la vida real.

En 1934, la prensa de Hollywood informó que Lupe Velez, azotada en Hot Pepper (1933) y el Mexican Spitfire’s Blessed Event (1943), había sido nalgueada por su director fuera de cámara. La actriz habría acabado con la paciencia del director, que acabó poniéndola en sus rodillas y le administró una buena tunda a la antigua usanza. Ella se comportaría entonces como una buena chica el resto del rodaje. La actriz tenía en aquel entonces 25 años.
Diez años después, Linda Darnell, de 21 años de edad, se esforzaba  por interpretar su papel en“Summer Storm”, toma tras toma, no lograba desempeñar las emociones adecuadas, el director Douglas Sirk, se acercó a ella, le administró unos sonoros azotes y le pidió que lo hiciera de nuevo. La siguiente toma fue la correcta, después contaría que desde entonces su relación con el director era maravillosa. 
Con la cámara rodando o no, las historias procedentes de los estudios de Hollywood presentaban  un mensaje claro: El spanking era una parte saludable de la vida de una mujer.
Sin embargo al mismo tiempo, mujeres de toda América eran azotadas por sus maridos – y algunos de éstos eran llevados a los tribunales. Para muchas mujeres americanas, un azote no era fruto de su adoración, sino una tiranía doméstica. A veces el castigo podía venir propiciado por un mal comportamiento por parte de la esposa, otras, simplemente porque ellas se negaban a ser una sierva dócil
A lo largo y ancho del país, las esposas eran azotadas por hablar demasiado, por diferencias políticas, por regresar tarde a la clase bíblica, por no dirigirse a él como "Señor" por oponerse a que su hijo fuera castigado, por un caniche mal enseñado, por molestar, por quedarse dormida, por no fregar los platos…
A veces la "sabiduría" de Hollywood era aplicada incluso en los tribunales. Una mujer neoyorquina de unos sesenta años, denunció a su marido. Él la había azotado, porque decía que tonteó con algunos chicos mientras estaba borracha. La respuesta del juez fue que su esposo todavía la encontraba atractiva y se había puesto celoso. "Debe amarla mucho", agregó el juez.
Los guiones de estos films expresan la misma idea: Las mejores esposas y las madres más nobles, son después de todo niñas grandes. Aunque esta afirmación no proviene de una película, sino de un juez de Long Island.