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viernes, 8 de marzo de 2013

10 cosas que las azafatas no soportan


Muchas veces los decálogos o credos de las azafatas eran puro machismo


Autor: Fer

Las azafatas de vuelo son mujeres trabajadoras y hoy es 8 de marzo, Día Mundial de la Mujer Trabajadora. De todas las mujeres, algunas son spankees y entre ellas algunas, digo yo, deben ser azafatas de vuelo.

Desde este artículo queremos rendirles un merecido homenaje a las azafatas de vuelo.

Desde este blog siempre hemos hablado de lo azotables que son las azafatas y personalmente de mi fantasía de azotar a una (o varias) esbelta azafata(s) sobre mis rodillas y con los más variados instrumentos. Sin embargo nuestro aprecio por esa profesión es muy grande. Como viajero frecuente observo a las azafatas, no solo con mis maliciosos ojos de Spanker, como personas que trabajan en una profesión que tiene cosas muy buenas pero algunos aspectos duros.  Desde aquí queremos expresar nuestra simpatía con estas chicas que tienen que lidiar con el público y que muchas veces la gente que viaja se olvida que está siendo muy bien atendida por otras personas. Hagámosle la vida agradable, eso sí, si alguna comete una falta aquí está Fer para persuadirla de la necesidad de enmienda, tengo mis propios métodos.

Encontré este artículo en el diario "El País" escrito por Paco Nadal y me pareció oportuno colgarlo aquí.


"Los viajeros, y sobre todo los periodistas de viajes, hemos criticado hasta la saciedad a las líneas aéreas y a su personal: que si tienen retrasos, que si los asientos están muy juntos, que si las azafatas eran antipáticas, que si la comida era repelente...
Pero, ¿y qué piensa esas azafatas y azafatos de sus clientes, los "pasajeros"? Los usuarios de aviones somos una fauna variopinta que también hay que poner en cuarentena. Siempre me he preguntado qué pensarían los tripulantes de cabina allí metidos durante horas y horas, apretados como sardinas entre cientos de caras desconocidas, cada vez diferentes, pero repitiendo siempre los mismos patrones de (mala) conducta.
Así que le he preguntado a Gema Ligero, ex-azafata de varias compañías y autora del blog TeleAzafata cuáles eran esas cosas que más rabia le daban al personal de cabina, lo que menos soportaban de la conducta de los pasajeros. Se lo limité a 10... ¡pero creo que hubiera podido escribir cien!
1. Que te pisen y no te pidan perdón. Pasa tantas veces, que la costumbre te hace dar las gracias cuando sucede. Queda raro.
2. Que estiren las piernas sacando los pies al pasillo y cuando pasas el carrito del bar vayas tropezándote. A veces, incluso, hay que despertar a los pasajeros para que los quiten (el carro pasa justo entre los asientos) y encima te miran con mala cara.
3. Que se levanten de sus asientos antes de que el avión pare al aterrizar. Nunca entenderé por qué lo hacen. Hasta que no se abran las puertas no van a salir.
4. Que te MANDEN que les subas la maleta de mano. Y más cuando son grandes y pesadas. Podemos ayudar a personas mayores, niños, embarazadas, ... ¡Pero tener que ayudar a un hombretón hecho y derecho!
5. Que se escondan el móvil para seguir usándolo cuando les has advertido que tienen que apagarlo. ¡Se les nota mucho!
6. Que se les antoje usar el baño justo en el momento en que se enciende la señal de "cinturones", a pesar de que lleven media hora en su asiento mientras se embarca.
Las azafatas son entrenadas para todos sus quehaceres
7. Que cuando intentan encender la luz de lectura del asiento se equivoquen y le den al timbre. Vas y no quieren nada. También los pasajeros que van con niños y les dejan jugar con el timbre.
8. Que se quiten los zapatos para dormir. Estamos en un lugar público.
9. Que metan papeles, vasos, latas, chicles y demás basura en el bolsillo del respaldo del asiento. Después es muy difícil quitar en el poco tiempo del que se dispone, y ese avión va a utilizarse en más ocasiones ese día.
10. Que una vez que has pasado por todo el avión ofreciendo comida y bebida, nada más recoger el bar empieces a escuchar timbres de pasajeros que quieren algo. Por qué no lo han pedido hace 5 segundos, cuando he pasado por al lado de su asiento?
Y de propina, una más:
11. Que quieran ligar contigo y te den una nota con su número de teléfono.
¡Cielos, confieso que alguna de esas conductas he incurrido yo alguna vez! (nunca la 11, eh)
Y tú ¿cuantas cosas haces que fastidian a la tripulación de cabina?"

miércoles, 26 de octubre de 2011

Feliz Spanking en Halloween

Artículo dedicado con cariño a Kurt, fundador de Rosas5 que nos dejó el 1 de ocutbre, sobre su partida nuestra querida amiga Alespankee escribió un sentido artículo titulado Hasta siempre Kurt.


Autor: Fer

Especialmente para nuestros lectores del continente Norteamericano (Canadá, EEUU y México) que celebran esta fiesta en la cual hay una cierta burla hacia la muerte y ¿por qué no aprovecharla para la práctica de los azotes eróticos consentidos entre adultos?

El frío de noviembre (en el Hemisferio norte) se puede combatir muy bien en cálidas y prolongadas sesiones de azotainas eróticas. Evidentemente en las latitudes en que la primavera está haciendo su gozosa aparición, también se puede celebrar esta fiesta con nalgadas. Para quien guste del juego de roles, muy probablemente Halloween provee de algunos un tanto insólitos como la niña crecidita que golpea una puerta para pedir dulces y acaba recibiendo una dulce tanda de azotes en sus desnudas nalgas sobre las rodillas de un gruñón spanker.

El famoso "trick or swet" traducido como "truco o trato" puede ser un buen comienzo. En todos los países de tradición cristina se celebra, de forma un tanto más lúgubre el Día de todos los Santos, acompañado del Día de Difuntos... es probablemente una tradición milenaria del miedo que provocaba en el Hemisferio norte la entrada de noviembre con sus noches cada vez más largas, el frío, la niebla y seguramente muchas personas fallecidas por ese cambio de estación.

Los mexicanos saben más que nadie cómo conjurar ese ambiente fúnebre con las fiestas propias de estas fechas y las "calaveras", ingeniosos poemas que se escriben a modo de obituario poético a personas perfectamente vivas.

Los azotes son vida, "Pura Vida" como dicen los costarricenses o ticos, y como tal vida lo hemos de tomar, un fuerte conjuro a la muerte Eros que vence y humilla a Tanatos. Cuando azotamos o recibimos azotes, según sea nuestra preferencia, estamos viviendo intensamente, estamos viviendo lo que más nos gusta, lo importante es disfrutarlo y vivirlo sin culpa.

En España, por ejemplo en Catalunya, celbramos este día con una castañada y comiendo panellets que son unos dulces de almendra recubiertos de piñones a los cuales los antropólogos les adjudican una alegoría de los huesos de los difuntos. Las castañas, que salen muy calientes del fuego, y los panellets son muy energéticos y todo ese exceso de calorías hay que "quemarlo" de una forma placentera. ¿Se te ocurre algo? ... A mí sí !

Pero la mejor manera de conjurar la muerte es la vida y ¡qué cosa mejor en la vida que unos buenos azotes! o una buena sesión de nalgadas seguida de las fases de consuelo y cariño.

domingo, 21 de octubre de 2007

Nunca digas de este agua no beberé… o con eso a mí no me vas a azotar



Autor: Chloé de la Sainte Fessée

A veces tengo la sensación de que ya se ha dicho todo sobre el spank, y que poco más se puede aportar a la cantidad de blogs, páginas, relatos y opiniones que hay por ahí colgadas.
Pero siempre hay espacio para una más, siempre alguien tiene algo diferente que contar. Porque todas tenemos cosas que decir y somos diferentes… ¿Muy diferentes?


Me pregunto si tenemos algo más en común que el gusto por los azotes, si hay un patrón en nuestra conducta, un mismo trasfondo, si empezamos de forma perecida, si todas vamos a acabar igual. ¿Hasta qué punto nos gusta lo mismo? ¿Podemos definirnos como grupo?

Supongo que si hay algo que nos diferencia son nuestros límites, nos comparamos unas a otras por un supuesto nivel, nos definimos con lo que aguantamos o no, con lo que aceptamos o no. Azotes en las rodillas pero sin implementos, me puedes atar pero sólo azótame en el culo, puedes tenerme en la cama desnuda pero no quiero sexo, haz lo que quieras conmigo pero yo no soy una sumisa. Y a veces los límites que les ponemos a unos es lo que deseamos hacer con otros.

Límites para definirnos, para encontrar dónde colocarnos, para normalizarnos, para protegernos, para traspasarlos. Lo que hace diez años eran algo inamovible, se han convertido en elementos más de una sesión. Cosas que ni me atrevía a pronunciar me han aportado más placer del que podía imaginar.

Y quiero más.

Y necesito más.

¿A alguna le ha llegado un momento en el que diga "hasta aquí" esto es todo lo que me gusta, no quiero probar más? Creo que ese momento no existe, y si ese momento no existe es o porque mis límites no son tales, o porque nunca llegaré a saber lo que quiero.