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jueves, 7 de julio de 2011

Spankee a la fuga


Autor: Fer

Mucho se ha hablado estos días en la prensa del corazón e incluso en las sobrias páginas color salmón de la sombría prensa económica sobre el caso de Charlene "novia a la fuga" del Príncipe Alberto. A esta bella nadadora la pillaron ya en el aeropuerto de Niza a punto de darse el piro, por lo que dicen las lenguas viperinas de periodistas y blogueros. Posiblemente en un medio acuático no la habrían atrapado tan fácilmente.

Total que también la spankee se puede dar a la fuga, con lo cual tendríamos "spankee a la fuga". Muchas y variadas pueden ser las razones de su huída precipitada o tadía. Una pareja de spanking no siempre es una relación sentimental, lo que pude constituir un "ecosistema" muy endeble. Cualquier cambio por pequeño que sea puede provocar el muy citado efecto del aleteo de la mariposa, es decir puede desencadenar una serie de cambios que lleven a un resultado final de una spankee huyendo. Huyendo de un compromiso que no ha deseado, huyendo de un spanker torpe, huyendo impulsada por la culpa de la felicidad de haber concretado sus fantasías... huyendo de un eneamoramiento de un spanker casado y con ocho hijos... corriendo y, en suma, dándole la espalda al spanker pero esta vez no para recibir azotes.

En el spanking hay intimidad y se produce una fortísima comunicación. Sentimientos? compromiso? eso ya es harina de otro costal. Siempre hay que pensar el mundo del spanking en términos demográficos y estadísticos. Otro día hablaremos de los sentimientos en el spanking y de demografía y estadísticas del spanking.

Puede volver la spankee a la fuga, mi respuesta rotunda es NO.

¿Qué piensas tú de esto?

lunes, 15 de junio de 2009

Sometimiento y nalgadas


Autor: Mayte Riemens

Dentro de poco se cumplirá un año(1) desde que inicié una relación de pareja con un spanker, un hombre que comparte plenamente mi fantasía, que ha tenido la sensibilidad y paciencia para descubrirla poco a poco y que cada día sigue explorando –con más aciertos que errores- en la búsqueda de nuestra satisfacción.

De su mano, él de la mía, hemos descubierto facetas de nuestra fantasía y de nuestra personalidad que desconocíamos o que no nos habíamos atrevido a expresar, ni siquiera a concientizar. Yo me he descubierto como una spankee que adora estar sometida a él, no me defino como sumisa porque el término implica una relación distinta, más enmarcada dentro del BDSM que creo que no practicamos, pero sí comparto con las sumisas muchas de sus sensaciones y actitudes.

Y es que no hay nada más excitante que ser barro suave entre sus manos, someterme a él y al castigo que él me imponga, temblar de miedo y de deseo cuando se quita el cinto frente a mí y me ordena adoptar la posición para el castigo. Sentirme avergonzada, por mi mal comportamiento y por tener que someterme, a mis años, a un castigo infantil. Ofrecerle mis nalgas desnudas, temblando y lloriqueando, para que las azote como me merezco y entregarle yo misma, en el momento en que él lo ordene, el instrumento con que debe castigarme. Sentir su autoridad y temblar bajo su mirada, enrojecer de vergüenza y palidecer de miedo, desnudar yo misma mis nalgas y rogarle que me castigue como me merezco, para después poder atreverme a pedir su perdón, besar sus manos y sus labios, rendirme en sus brazos para que recorra sus dominios hasta el rincón más íntimo y practique otra manera de hacerme suya.

Desde entonces, mis límites se han desdibujado hasta casi desaparecer. Lo que él quiera que yo haga, lo que él quiera hacer conmigo, yo lo aceptaré y lo haré feliz, porque estoy totalmente entregada a él, porque él reconoce y adivina mis deseos e incluso esos límites que yo desconozco. Y es que el someterme incluso a aquello que nunca hubiera aceptado si proviniera de otro, me genera una descarga de sensualidad física y anímica. Él ha logrado imponerse, domó a la fierecilla con una mezcla de nalgadas, mimos, castigos y cariño. No es que me someta para darle gusto a él, me someto porque a mí me excita hacerlo y eso lo satisface aún más. Desde siempre había deseado someterme, sólo que no había encontrado quién lo mereciera.

La relación ha ido mucho más lejos que el juego de las nalgadas, su autoridad y su dominio sobre mí son deliciosamente sugerentes. Y es que la confianza y el cariño han permitido que la relación que empezó como un juego de spank, se traslade a la vida diaria, sin dañar en lo absoluto mi independencia ni mi libertad, pero aderezando cada minuto de mis días con la dulce sensación de ser suya, con la sentencia constante de ser castigada y retorcerme de dolor y excitación bajo sus manos. Y es que no hay nada más delicioso que sufrir el inmenso placer de someterme a él.

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(1)Nota del Editor: otra vez perdón por tener este artículo en la nevera tantos meses, no seguiré pidiendo disculpas pues aburriré a los pocos lectores fieles de blogs que van quedando