lunes, 22 de diciembre de 2008

Feliz Navidad


Autor: Fer

Este blog se ha tomado unas largas vacaciones de dos meses.

Ahora reiniciamos su edición con un artículo muy serio, tanto que no nos atrevemos a ilustrar, de Gerardo Romo Morales que es un auténtico ensayo sobre el spanking. También de los azotes se puede escribir un artículo científico y esta es la prueba. Agradecemos a nuestro amigo Gerardo el habernos cedido este importante artículo y le pedimos disculpas por el retraso en su publicación. ¡Gracias Gerardo!

También publicamos una traducción de un excelente artículo de MESTRETON sobre Spanking y literatura. ¡Moltes gràcies al bon amic Ton!

El mundo de los blogs, como siempre, es cambiante. Nuestro amigo Cometospk ha cerrado su excelente trabajo en el Despacho del Spanker y también nuevos blogs aparecen y desaparecen.

¡Feliz navidad! (que es lo que nos toca decir a los que no nos gusta esa fiesta)

domingo, 14 de diciembre de 2008

SPANKING Y LITERATURA (I) “Spanking the Maid” (1982)


Autor: MESTRETON

Iniciaremos esta nueva sección comentando una pequeña obra del escritor norteamericano Robert Coover, de la que apareció una edición en lengua española el año 1985, en la colección Panorama de Narrativas de la Editorial Anagrama, con el título de Azotando a la doncella. Su traducción corrió a cargo de Juan Antonio Masoliver Ródenas.

Calificada por el crítico literario Larry McCaffery como “una obra maestra en miniatura de la narrativa postmoderna”, Robert Coover nos ofrece en esta novela corta una sutil alegoría de los vínculos más ocultos que implica el Poder. Con un humor que podríamos calificar como británico y quizás a causa de la documentación que el autor ha podido consultar sobre la época victoriana, el libro expone de forma obsesiva la relación entre un amo y su criada, encadenados al ritual de su cotidianeidad. Con un ágil uso del lenguaje, del que cabría destacar el uso de onomatopeyas de creación propia, Coover consigue engancharnos al desarrollo de una febril trama, en la que, sin partir de un inicio ni llegar a un final y con un ritmo frenético, las diversas escenas de la relación van apareciendo ante nuestros ojos en un intenso crescendo de imaginación y de creatividad, que llega hasta su punto más álgido para volver posteriormente a moderarse paulatinamente hacia el final de la obra.

Aunque no pueda ser calificada como una obra erótica, la considero como una de les más preciosas muestras de la nada prolífica Literatura (con mayúscula) existente sobre el spanking. Algunas de les escenas que se nos ofrecen consiguen que nuestra libido alcance cotas altísimas de calor. A continuación, reproduzco para vuestra satisfacción un par de pequeñas muestras:

Él la tiene sobre la rodilla izquierda, con sus piernas trabadas entre las de él, con la muñeca sujetada a la espalda, la falda levantada y las bragas bajadas, y le pega con la mano primero una nalga, enrojeciéndola elegantemente en contraste con el deslumbrante alabastro (recordando los manuales) de la otra, luego atacando a su compañera con igual entusiasmo.

A veces la reclina sobre sus piernas. A veces tiene que inclinarse sobre una silla o sobre la cama, o tenderse del todo, o él la potrea sobre las almohadas, la cómoda o un taburete, hay manuales para esto. Lo mismo con las bragas: si has que ajustarlas a las nalgas, como una segunda piel, o bajarlas, y de bajarlas por quién de los dos, hasta dónde, etcétera.

Un libro ciertamente recomendable para todos aquellos que amáis este mundo del spanking. Una obra cuya lectura no os cansará de ningún modo, aunque sea sólo en atención a su corta extensión. Una texto que nos ha legado una de las más divertidas amenazas con las que nunca me había encontrado, formulada por el amo a su doncella antes de comenzar a zurrarle el culo. Ahí va:

“¡Cuando haya acabado, encima de él podrás cocinar pajaritos o asar castañas!”


Nota: Este artículo se publicó en catalán el blog Spank Català y ahora ha sido traducido al castellano por gentileza de su autor MESTRETON (Ton), a quien damos las gracias.


domingo, 12 de octubre de 2008

El cuerpo. De las posturas a las instituciones a partir de una práctica alternativa.[1]

Autor: Gerardo Romo Morales.[2][3]

Resumen:

En este ensayo se juega con dos ideas. La primera, que las instituciones están presentes en el cuerpo de los sujetos. Para explicarla, se recurre a la noción de postura de Giddens como una categoría que hace operativa la relación. Para hacer a esta última evidente, se recurre al análisis de una práctica alternativa de juegos sexuales conocida como spanking. La segunda, es la de que ésta última forma de relación entre sujetos, muestra un proceso de cambio institucional que tiene al cuerpo, y a las relaciones que se puedan poner en juego con él, como base. Veremos como es que se enfrentan allí una institución consolidada con intentos de transformación de la misma.

Introducción:

Hace algunos años, en la televisión era frecuente ver un comercial de PEMEX, la industria petrolera mexicana, en donde una mujer de clase media, haciendo labores del hogar, aparece en determinado momento en escena actuando la búsqueda de algún implemento doméstico, la actitud era la de quién está buscando algo. Al abrir una gaveta de la cocina, y ver artículos de plástico muy acomodados, señalaba sorprendida: “¡PEMEX... ¿hasta en la cocina?!”

La idea de ese anuncio comercial, si me permiten la precisión interpretativa, era hacer evidente la omnipresencia de la industria en la vida de todo mundo, a todas horas, y hasta en los lugares más insospechados.

Esa imagen, fue evocada en la génesis de este ensayo. Pensé, haciendo una interpretación rápida de mi “libre asociación”, que si se tuviera que hacer algún día publicidad de este trabajo, yo sugeriría una parodia de aquel comercial, pero ahora con una persona, que luego de leerlo, todavía sosteniendo el libro en la mano, exclamara mientras voltea a la cámara con una expresión de evidente asombro: “¡las instituciones… ¿hasta en mi cuerpo?!”

Lo que este ensayo pretende demostrar es que las instituciones están presentes en la vida de los sujetos mucho más de lo que se imagina, y que están incluso, donde pocos las han advertido: en y a través del cuerpo.

Para lograr claridad y contundencia en la evidencia, me propuse relacionar de manera analítica la intuición original con una forma particular de relación entre personas, en donde hay un fuerte contenido de sexualidad involucrada, que es relativamente marginal, y que se puede identificar alrededor de la voz anglosajona de “Spanking”.

Empezaré entonces por explicitar la noción de instituciones desde donde parto en este ensayo, relacionaré luego ésta con la de postura, para ver como es que allí se pueden apreciar con relativa facilidad para el ojo analítico las instituciones en el cuerpo, y luego, utilizando una práctica marginal de la sexualidad y de relaciones en donde el poder está a flor de piel, veré como es que se enfrentan dos formas institucionales en donde es posible observar el proceso de un cambio institucional.

Instituciones.

La mayoría de las definiciones de instituciones, desde las que se construyen en el neoinstitucionalismo más económico (North 1993), hasta las del psicoanálisis más ortodoxo o vanguardista (Freud 1991, Enriquez 2002, Zizek 1999, Fernández 1994), pasando por las de la sociología contemporánea (Giddens 1995, March y Olsen 1997, 2005), reconocen rasgos comunes: por una parte, el estar relacionadas con normas, reglas, rutinas y en general elementos restrictivos para la conducta humana o sus pulsiones. Y por la otra, estar referidas a asuntos profundamente enraizados en la vida de las sociedades en dos sentidos: las instituciones refieren a formas de acción individual que son relevantes para la sociedad por lo amplio de las prácticas que representan (en el sentido de la cantidad de personas que se ven constreñidas por ellas), y por el largo espacio de tiempo en el que se perciben como hegemónicas.[4]

Veamos lo anterior en algunas de las definiciones más relevantes, empezando por la del neoinstitucionalista económico más citado en el mundo académico, Douglass North. Para él, las instituciones son “las reglas del juego[5] en una sociedad o, más formalmente, las limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana. Por consiguiente, estructuran incentivos en el intercambio humano, sea político, social o económico.” El autor señala que éstas incluyen “todo tipo de limitación que los humanos crean para dar forma a la interacción humana […]. La función principal de las instituciones en la sociedad es reducir la incertidumbre estableciendo una estructura estable.” (North 1993: 13-16)

Desde la perspectiva sociológica, veamos dos definiciones, una de Giddens y otra de March y Olsen. Para el autor inglés, entender lo que son las instituciones supone partir de la definición de lo que él llama principios estructurales: “las propiedades estructurales de raíz más profunda, envueltas en la reproducción de totalidades societarias, (las) denomino principios estructurales.” Y aquellas prácticas “que poseen la mayor extensión espacio-temporal en el interior de esas totalidades se pueden denominar instituciones” (Giddens 1995:54). El autor agrega, que éstas últimas son, por definición, “los rasgos más duraderos de una vida social” (1995:60).

Mientras que para los autores noruegos, las instituciones serán “… a relatively enduring collection of rules and organized practices, embedded in structures of meaning and resources that are relatively invariant in the face of turnover of individuals and relatively resilient to the idiosyncratic preferences and expectations of individuals and changing external circumstances (March y Olsen 2005: 4).

Desde la perspectiva psicoanalítica, más allá de las consideraciones al gran Otro como institución simbólica (ver Zizek 1999: 131-134) y la referencia que se podría interpretar como genealógica de las instituciones, contenidas en el apartado cinco de la segunda parte de Tótem y Tabú de Freud (1991), veamos dos definiciones del análisis institucional que resultan más prácticas para este ensayo, por una parte la de Lidia M. Fernández, para quien una institución “… es en principio un objeto cultural que expresa cierta cuota de poder social. Nos refiramos a las normas-valor que adquieren fuerza en la organización social de un grupo o ala concreción de las normas-valor en establecimientos, la institución expresa la posibilidad de lo grupal o colectivo para regular el comportamiento individual.” (Fernández 1994: 17). La autora argentina agrega un poco más adelante que éstas, “representan, por consiguiente a aquellos custodios del orden establecido que dan al individuo la protección de una lógica con la cual organizar su mundo, de otro modo caótico y amenazante.” (Fernández 1994: 36).

Eugene Enriquez por su parte, destaca de las instituciones el que éstas son las que “normalmente van a permitir vivir en un mundo que ya no sea un mundo de relaciones de fuerza sino, por el contrario, un mundo donde haya reglas morales y valores.” (Enriquez 2002: 44)

Sin duda que hay diferencias entre estas visiones construidas en campos que son tan lejanos por momentos. Sin embargo, haré omisión de ellas e insistiré con las constantes de acercamiento señaladas: las instituciones al incentivar un tipo de comportamientos son restrictivas (positiva a negativamente); restringen prácticas que se consolidan cristalizadas en formas organizativas que se estructuran con rasgos que le definen como tales, y sólo son instituciones, cuando han cubierto, con su forma específica, periodos prolongados de tiempo histórico.

La postura, como forma de expresión institucional.

Ahora queda claro cómo es que se conciben las instituciones. Lo que haré en seguida es explicar cómo las instituciones se manifiestan. Es decir, en sentido estricto, las normas, las reglas y las rutinas sólo son instituciones cuando se expresan cristalizadas, o hechas cuerpo en acciones organizadas (Crozier y Friedberg 1990) con un importante sentido de ceremonia o ritualización (Meyer y Rowan 1999).

Desde esa perspectiva, el matrimonio, por ejemplo, es una institución que legitima una forma de relación entre personas, por que representa una acción organizada constituida por actitudes ritualizadas, llenas de mitos y ceremonias que le caracterizan, y le hacen diferentes de otras; es hegemónica entre las formas de relación entre amplísimos sectores de la sociedad moderna, y lo ha sido así por mucho tiempo. Es entonces, un conjunto de normas, costumbres, reglas, y rituales particulares que cristalizan en lo que identificamos como matrimonio nada más escuchar la palabra.

De esa manera, las instituciones sólo lo son cuando están expresadas en formas que son perceptibles como acciones organizadas, pero, la pregunta es, ¿sólo allí? ¿o es que es posible percibirlas también en formas de lo social con un nivel de estructuración aparentemente más pequeño o efímero? Lo que se pretende argumentar aquí, a partir la conceptualización del cuerpo como un elemento socialmente construido (Carballo y Crespo 2003, Pedraza 2003), es que en éste, a través de las posturas del mismo, es posible detectar formas institucionales e incluso, debates entre formas tradicionales y algunas que no lo son tanto.

Para poder probar eso, recurro a la noción de postura en Giddens. Para este autor Inglés, “el cuerpo adopta una postura en las circunstancias inmediatas de copresencia en relación con otros”, y señala la relevancia de los gestos, y el gobierno reflexivo de cuerpo “como algo intrínseco a la continuidad de la vida social.” Además, dice, la postura tiene que ser entendida en referencia a la “serialidad de encuentros por un espacio-tiempo” [en donde] cada individuo adopta de manera inmediata una postura en el fluir de la vida cotidiana; en el lapso de vida que es la duración de su existencia.” (Giddens 1995: 25).

Es a partir de esta serialidad medida de las posturas que se adoptan en “el fluir de la vida cotidiana”, de donde se puede desprender la “estructuración ‘supra-individual’ de las instituciones sociales” (Giddens 1995: 26). Es decir, comprender las posturas como formas de cristalización de las instituciones, o mejor, como formas instituciones hechas cuerpo.

Pensemos en un ejemplo que nos facilite la comprensión de lo que quiero decir. Todos podemos reconocer formas corporales diferenciadas en algo tan cotidiano y aparentemente simple como el saludo: haciendo una inclinación de la parte superior del cuerpo, acompañar esa inclinación con un pie delante del otro y las piernas levemente flexionadas, besar una o dos mejillas, estrechar las manos o los cuerpos completos en un abrazo, hacerlo sólo con un leve movimiento ascendente de la cabeza manteniendo fija la mirada en la del interlocutor.

Si la descripción de las diferentes formas de saludo es buena, todos al leerla nos imaginamos a prototipos de sujetos realizando las acciones. Es decir, la imagen nos llevó a pensar en sujetos históricos concretos, sujetos que viven en marcos institucionales específicos en donde están constreñidas las formas particulares de relación con los demás. Las primeras formas pueden ser mejor entendidas si el contexto del saludo es, por decirlo así, el del antiguo régimen. En los demás, besar una mejilla será más común en América, y dos en Europa; mientras que el último, puede hacer referencia a una situación de reto entre dos tipos masculinos de una sociedad machista.[6]

Las imágenes que esos saludos representan en el autor de este trabajo y la de los lectores, pueden no coincidir, pero eso no contradice el hecho que pretendo probar: que a marcos institucionales determinados, corresponde en el cuerpo una postura determinada que será la hegemónica del primero. La postura puede ser tan efímera como la acción que la representa, pero al ser repetida en el lapso de vida, y ser similar con la de los que se comparte espacio, estaremos en presencia de instituciones, o marcos institucionales, hechos cuerpo.

Las sexualidades alternativas y sus posturas. Militancia frente a fatalidad.

Hemos visto hasta ahora lo que son las instituciones y como se pueden apreciar éstas en los cuerpos de los sujetos, asumiéndolos como constructos. Lo que hago a continuación es echar mano de una forma de sexualidad alternativa que es considerada como una subdisciplina de conjunto integrado por el BDSM (Bondage, Dominación y Sado-Masoquismo) [7], en la cual analizo, desde la perspectiva institucional, la postura de los que viven esta forma de relación en dos sentidos: por una parte, como las posiciones concretas en que se encuentran los cuerpos cuando se dan las sesiones de este juego de transferencia de poder, y por la otra, como posicionamiento frente a una tensión que percibo entre un marco institucional tradicional, y uno vanguardista.

Para esto último, haré uso de la noción que yo denomino de militancia y que deduzco a partir de lo que expusiera en su momento Michel Foucault (1982, 2006), y de la diferencia entre goce y placer lacaniana que es base para muchos de los análisis de Zizek (1999).

Empiezo por Foucault. Hay una entrevista titulada “Sexo, poder y gobierno de la identidad” (Foucault 2006), en donde éste, a pregunta expresa con respecto a la postura que sus obras dejan ver sobre homosexualidad en términos de identidad y emancipación sexual, responde:

… La sexualidad es obra nuestra - es una creación personal y no la revelación de aspectos secretos de nuestro deseo-. A partir y por medio de nuestros deseos, podemos establecer nuevas modalidades de relaciones, nuevas modalidades amorosas y nuevas formas de creación. El sexo no es una fatalidad, no; es una posibilidad de vida creativa.

Más adelante, respondiendo a diferentes preguntas, dirá al respecto de este mismo tema que hay “…que renunciar al descubrimiento de la propia homosexualidad [...] Debemos, más bien, crear una forma de vida homosexual. Un convertirnos en homosexuales.” (Foucault 2006:1) Y agrega,

... si la identidad se convierte en el problema capital de la vida sexual, si la gente cree que ha de descubrir su propia identidad y que esta identidad ha de erigirse en norma, principio y pauta de existencia; si la pregunta que se formulan de continuo es: "¿Actúo de acuerdo con mi identidad?", entonces retrocederán a una especie de ética semejante a la de la virilidad heterosexual tradicional. Si hemos de pronunciarnos respecto a la cuestión de la identidad, hemos de partir de nuestra condición de seres únicos. Las relaciones que debemos trabar con nosotros mismos no son de identidad, sino más bien de diferenciación, creación e innovación. Es un fastidio ser siempre el mismo. No debemos descartar la identidad si a través de ella obtenemos placer, pero nunca debemos exigir esa identidad en norma ética universal. (2006:3-4)

Aquí descubro entre líneas una postura militante a favor de convertir la sexualidad y los asuntos que la rodean como un espacio de goce, un espacio de creación desde donde se desmitifiquen las posiciones que naturalizan las opciones sexuales. Lo sexual, como queda claro en la postura de Foucault, es un asunto que se construye socialmente, aun cuando está constreñido por lo que arriba he caracterizado como marco institucional. Quienes naturalizan las opciones al respecto lo harán desde una postura conservadora que apuesta por el perennialismo de las acciones humanas, y por lo tanto de nuestras opciones al respecto.

En la misma entrevista, se le hace al autor francés una pregunta sobre la proliferación de cierto tipo de prácticas homosexuales masculinas, relacionando éstas con un contexto histórico determinado, contesta varias cosas, pero entre éstas, me gustaría destacar la que sigue por que está referida, precisamente, a las prácticas que son tema de este ensayo, allí dice que

El sadomasoquismo es mucho más; es la creación efectiva de nuevas e imprevistas posibilidades de placer. La creencia de que el sadomasoquismo guarda relación con una violencia latente, que su práctica es un medio para liberar esa violencia, de dar rienda suelta a la agresividad es un punto menos que estúpida. Es bien sabido que no hay ninguna agresividad en las prácticas de los amantes sadomasoquistas; inventan nuevas posibilidades de placer haciendo uso de ciertas partes inusitadas del cuerpo, erotizándolo. Se trata de una suerte de creación, de proyecto creativo, una de cuyas notas destacadas es lo que me permito denominar de sexualización del placer.” (Foucault 2006:2)

De la cita anterior destaco en negritas, los aspectos que refieren a un proceso de creación. Esa idea la relaciono con lo de goce, entendiéndola en la lógica de una suerte de sublimación freudiana, la cual va a fundamentar en mi análisis una postura nueva o vanguardista de las prácticas de sexualidad alternativa, frente a los marcos institucionales hegemónicos que pueden ser caracterizados como tradicionales.

Considerando lo anterior, la siguiente cita aporta los elementos para ligar los asuntos referidos con el de la militancia, entendida como una postura activa que rompe las concepciones conservadoras de la práctica ligadas a las ideas de naturalización o divinización de lo sexual. Esas dos ideas además, me permiten fundamentar la posibilidad del cambio institucional en este ámbito concreto.

Por otra parte, la misma cita abre una posibilidad de entendimiento para las opciones que se construyen desde las prácticas alternativas de sexualidad, en términos de identidad y estrategias. Nótese que hay una propuesta que permite distinguir con nitidez la diferencia que suponen estas prácticas con respecto a las de las instituciones que rodean la sexualidad tradicional.

La práctica del sadomasoquismo termina por introducir un placer, que a su vez hace nacer una identidad, razón por la cual el sadomasoquismo es una auténtica subcultura; es un proceso inventivo. El sadomasoquismo consiste en la utilización de una relación estratégica como fuente de placer (de placer físico) […] El interés radica en que en la esfera heterosexual, las relaciones estratégicas preceden al sexo; se justifican para llegar al sexo. En el sadomasoquismo, por el contrario, las relaciones estratégicas son parte integrante del sexo, un convenio de placer en el marco de una situación específica.

En el caso, las relaciones estratégicas son relaciones nítidamente sociales que afectan al individuo en tanto que miembro de la sociedad; mientras que en el otro lo que está en cuestión es el cuerpo. El interés radica precisamente en esa transposición de las relaciones estratégicas que pasan del ritual corporal al plano sexual. (Foucault 2006:6-7)

Placer, goce e intersubjetividad en las prácticas de sexualidad alternativa.

La postura de Foucault reseñada a partir de los trozos de entrevista que he presentado, señalan dos elementos destacables, primero, el de la postura activa, creativa que he llamado militante. Y segundo, la que se refiere al sujeto y su acción.

Enseguida, lo que haré será relacionar esos elementos con las nociones de goce (en términos de Lacan, y de masoquismo primordial para Freud), y de intersubjetividad como la concibe Zizek.

La existencia de la pulsión de muerte, la idea del dolor como algo constitutivo del deseo de los hombres, fue uno de los importantes descubrimientos de Freud. La humanización que supuso el descubrir la posibilidad de encontrar placer en el dolor, rompía en su momento con las concepciones que divinizaban, por decirlo de alguna manera, la conducta de los sujetos. Frente a este hecho, ante el riesgo de hacer apología de esta pulsión de muerte, se encontraron diferentes soluciones desde el psicoanálisis. Freud propuso la sublimación como la salida que permite la sobrevivencia de los sujetos y la especie. Dicha sublimación supone, entre otras, el que se construyan cosas que terminen por ser positivas desde esa pulsión de muerte.

Helí Morales lo dice con mucha contundencia en los siguientes términos:

… Freud se encontró con que había una fuerza más poderosa que la tendencia al equilibrio. Existía algo diabólico que atentaba contra el bien y la máquina. Esta fuerza buscaba la destrucción. A partir de ese momento, todo cambió, ya que ninguna máquina busca su destrucción. Por lo tanto, el hombre y la mujer no funcionan como máquinas.

La fuerza que busca destruir fue denominada pulsión de muerte por Freud. Aunque suene paradójico, la ilusión de muerte humaniza la concepción del hombre al introducir el aroma de lo diabólico.

Freud encontró que el sujeto no busca el placer sino el dolor. Más radical aún: busca placer en el dolor.

También constató que el placer no tiende a la mesura sino a la desmesura.

A esta “tendencia”, a este placer en el dolor Freud, a falta de algo mejor, le llamó masoquismo primordial. Lacan le llamó goce. (Morales, sin fecha: 221)

Lo que me interesa destacar de la noción de goce es que es éste un elemento que sólo es socialmente constructivo si es sublimado en acciones que permitan la existencia, es decir, que se conviertan en elementos de vida. Y una posibilidad de la modernidad en este sentido es la que Zizek llama de interpasividad, y que es concebida en los siguientes términos:

… Tal vez la actitud fundamental que define al sujeto no es ni la de pasividad ni la de actividad autónoma, sino precisamente la de interpasividad. Esta interpasividad debe oponerse a la Lisst der Vernunft (“astucia de la razón”) hegeliana; en el caso de la “astucia de la Razón”, yo estoy activo por medio del Otro, es decir, puedo permanecer pasivo mientras el Otro lo hace por mí (como la idea hegeliana, que permanece fuera del conflicto permitiendo que las pasiones humanas hagan su trabajo); en el caso de las interpasividad, yo soy pasivo por medio del otro, es decir, le cedo al otro el papel pasivo (del goce), mientras yo puedo permanecer activamente involucrado […] Esto nos permite proponer la noción de falsa actividad: crees que estás activo, mientras que tu verdadera posición, como está encarnada en el fetiche, es pasiva… (Zizek, 1999: 139)

La relación posible entre goce e intersubjetividad queda clara a partir de la siguiente cita:

… es sólo cuando sitúo la identidad directa entre el Otro y mi actividad, es decir, cuando me concibo a mí mismo como la parte realmente activa, como el que lo está haciendo a través del Otro, que pasamos de la reflexión determinativa a la determinación reflexiva (puesto que, en este nivel, la actividad del Otro no sólo está determinada por mi reflexión, sino que está situada directamente como mi determinación reflexiva) […] En el dominio de la jouissance, este cambio es un cambio del Otro gozando por mí, en mi lugar, a yo mismo gozando a través del Otro. (Zizek, 1999: 143)

Esto último, como veremos, está nítidamente presente en las prácticas sexuales alternativas que me sirven para probar lo dicho.

Descripción de la práctica sexual alternativa llamada spanking.

Veamos ahora como es que todos los elementos teóricos analizados arriba pueden probar las ideas del ensayo a partir del análisis de la práctica concreta del spanking. Para ello, lo que presento a continuación es una definición y algunas expresiones relacionadas con la forma en la que conciben la práctica los actores de la misma.

Es importante empezar por aclarar que para quienes practican esta forma de relación, es imprescindible que se cumplan tres condiciones: los juegos o sesiones tienen que ser, sanos, seguros y consensuados, y siempre entre adultos. Esta características es compartida por el resto de “disciplinas” que comparten rasgos dentro de un conjunto de prácticas conocidas como de dominación/sumisión (D/s), o de sadismo/masoquismo (SM), si nos viéramos obligados a usar términos psiquiátricos.

La definición inicial es la siguiente[8]:

Spanking es el vocablo inglés para denominar la disciplina cuyo eje principal es el dar o recibir azotes. Proviene del verbo inglés "To spank", traducido como azotar, nalguear, dar chirlos…

En esta disciplina también pueden intervenir numerosas fantasías, normalmente puestas en escena como juegos de rol. En esta posibilidad el Spanker toma el rol de padre, jefe, tutor, etc. Mientras por otro lado la spankee siempre asume el rol de niña traviesa y malcriada, buscando siempre provocar al spanker para luego tener que intentar huir de él. Como todo juego de poder, la libido corre abundantemente a la hora que el spanker reacciona y el juego desencadena en una serie de azotes sobre la spankee.

Como se puede apreciar en lo anterior, para esta práctica o disciplina, existen dos roles fundamentales el Spanker, que es el que da las nalgadas o chirlos, y la spankee que las recibe.

Lo más común con respecto al género vinculado a los roles, es que sea un Spanker varón, y una spankee femenina, sin embargo, eso no tiene que ser necesariamente así.

Por otra parte, existen los que se denomina Switch, que lo mismo le gusta recibir que dar, pero como no sé puede hacer las dos cosas al mismo tiempo, los roles básicos siguen siendo los dos primeros

Lo que creo es más relevante para este ensayo es destacar como en la fantasía detrás del juego, los roles remiten a una puesta en escena de los elementos que antes, cuando explicaba lo que son las instituciones, recalcaba en negritas. El Spanker, siendo el padre, el jefe de familia o tutor, representa a quien defiende las reglas establecidas, quien marca los límites, quien defiende esos rasgos duraderos e invariantes de la vida social, la colección de reglas y prácticas organizadas que dan sentido a las estructuras para regular el comportamiento individual, son “los custodios del orden establecido”, mientras que de la spankee se espera que sea la que sumisamente acepte éstas.

Lo novedoso, lo que le da sentido a la idea de confrontación de marcos institucionales, es la de que en esta práctica, bajo los roles comunes en que se realiza, la spankee es de manera común, rebelde en lapsos muy largos e importantes de las sesiones de juego, en el que, sin embargo, para que éste tenga sentido, siempre hay un momento en que termina en una postura que se podría interpretar de sumisión. Por una parte, esa postura es física, el cuerpo adopta una posición en la cual inevitablemente recibirá el castigo señalado. Pero por la otra, es una postura en donde está implicada una voluntad explícita de entrega, o mejor, una postura de voluntad entregada.

En ese juego de posturas, la novedad es la rebeldía rodeando la sumisión. Y es precisamente esa condición de rebeldía la que otorga sentido al juego. El spanker goza a través de ella, del cuestionamiento institucional, de las actitudes paradójicas en un mismo cuerpo, del tránsito continuado de rebeldía, con esos instantes eternos de sumisión. Esto es lo que permite ligar el spanking con la idea de la jouissance citada aquí desde Zizek, a partir de que en ésta se goza a través del otro desde una concepción de determinación reflexiva.

Es entonces en las posturas de los actores de esta práctica en donde se puede ver el cuerpo cristalizado en instituciones, y como espacio de disputa de marcos institucionales.

Con la finalidad de hacer más clara esta situación, consideré conveniente saber qué es lo que piensan o sienten las personas directamente involucradas. Para ello, ubiqué grupos de internet que tuvieran como motivo de reunión el gusto por el spanking. Elegí dos que me parecen representativos, en ellos realicé un análisis estadístico de los datos más relevantes, algunas entrevistas, y la localización de mensajes y relatos que dieran pistas para, al ser analizados, aclarar algunas de las ideas que se ensayan en este texto.

Algunos elementos estadísticos de los grupos analizados:

La información se obtuvo a partir de dos comunidades de Spanking en internet: Nalgadas y azotes (NyA)[9] es una y Nalgadas mexicanas (NM)[10] la otra.[11] La información estadística que considero más relevante corresponde sólo al primer grupo por que del otro, al no contar con los elementos de información necesarios en el perfil de los integrantes, fue imposible sacar conclusiones relevantes.

Pero de estás últimas, quizá las más importante es que no hay ningún dato que permita inferir que la condición de marginalidad de la práctica, se corresponda con una condición de marginalidad social de sus miembros. Según los datos que se obtienen, y que a continuación presento, se trata de personas de diferentes edades y países, involucrados en las más variadas actividades propias de una clase media occidental.

Quizá se pueda destacar el dato, que apoya la idea de los roles relacionados con las instituciones es que los hombres, esos custodios del orden establecido, de que entre los hombres, la mayoría son mayores de edad (de 41 a 50 años representan el 31%). Mayores que la mayoría de las mujeres (menores de 30 años el 50%).

Nalgadas y azotes (Numero de miembros: 1811):

Del total 72% son hombres y 28% mujeres, (6% no declara su sexo).

Con respecto a los hombres, éstos son los datos relevantes.

La mayoría se encuentra entre los 41 y 50 años (31%), seguidos por los menores de 30 años (29%), después el rango de 31 a 40 años (27%), dejando al final a los mayores de 50 años (13%).

De los perfiles correspondientes a hombres[12] encontramos que un poco más de la mitad son solteros (53%), casi una cuarta parte casados (26%) y el resto se distribuye entre viudos (3%), divorciados (7%), separados (4%) y con relaciones a largo plazo (7%).

Con respecto a las mujeres, los datos son los siguientes:

Entre la totalidad de las mujeres se observa que la mitad de ellas son menores de 30 años (50%), seguidas de las mujeres en un rango de 31 a 40 (35%), 41 a 50 (9%) y más de 50 (6%). Se observa una marcada disminución de la presencia de mujeres en este tipo de grupos conforme aumenta la edad.

Esta situación dentro de las mujeres[13] se refleja también en su estado civil, un poco más de las dos terceras partes son mujeres solteras (68%), una parte importante son casadas (14%) o separadas (9%), y el resto se divide entre divorciadas y mujeres con relaciones a largo plazo (9% en total).

Relacionando las variables de edad, estado civil y profesión[14] se encontró lo siguiente: la gran mayoría de solteros tienen menos de 40 años y son profesionales en más del 50% de los casos. La gran mayoría de casados no declaran su profesión, y son mayores de 30 años. La mitad de los divorciados declaran su ocupación, siendo ésta de altos niveles jerárquicos, algunos de ellos son retirados, en su mayor parte con más de 45 años. Las personas con relaciones estables no declaran su profesión en un 75% de los casos, casi en su totalidad son mayores de 40 años. Casi la totalidad de los viudos declaran su ocupación, siendo ésta de tipo profesional (casi todos mayores de 45 años). El 75% de los separados son mayores de 45 años con ocupaciones muy variables.

Esta misma relación en las mujeres[15] se presenta de la siguiente manera: las solteras en casi el 90% de los casos son menores de 30 años, una cuarta parte es estudiante, otra cuarta parte empleada y del resto la mayoría son profesionales. Las casadas oscilan, en su mayoría entre los 30 y 35 años, de ocupación variada. Las divorciadas son mayores de 35 años y, en su mayoría, profesionales. Las separadas de igual manera profesionales pero mayores de 40 años.

Las entrevistas.

Veamos ahora otra parte del trabajo. Dirigí a uno de los grupos (NyA) un correo, en donde aclaraba que estaba escribiendo este trabajo, y se les sugirió participar en el mismo contestando dos preguntas: la primera tiene que ver con lo que consideran que es el spanking.

La idea era constatar la presencia de instituciones en el cuerpo a partir de la práctica del spanking, y descubrir si había de alguna manera tensión entre dos marcos institucionales contradictorios. Uno que podemos identificar como conservador, y otro nuevo sustentado a partir de lo que he identificado como actitud militante. Todo ello a partir de las posturas de los jugadores en los roles propios del juego.

La manera de verlo era detectando aquellos elementos de goce, en el sentido de sublimación que le he dado aquí, y aquellos de aceptación acrítica del marco institucional hegemónico. En negritas pondré lo primero, y subrayado lo segundo.

La forma en que se formuló la pregunta fue como sigue:

“…me gustaría saber cómo es que conciben los miembros de esta comunidad al Spanking, ¿me podrían decir qué significa para cada uno de ustedes?”

De las respuestas, selecciono las siguientes por significativas, subrayando las frases que me permiten ubicar nociones que fortalezcan mi argumento.

La bruja (Spankee):

Para mí el spanking es, en principio, una forma de disfrutar la sexualidad, de motivar el deseo y hacer del sexo algo más divertido y significativo que lo que podría ser la simple cópula. Pero además creo que es una forma de percibirse a sí mismo en la parte más íntima y auténtica de cada quien: si eres dominante o si prefieres ser dominado, en la realización de ese deseo tan íntimo, aunque sea a nivel lúdico, es que encontramos el placer, y no sólo es un placer físico, sino que trasciende a la parte espiritual o intelectual. E insisto en que es un deseo profundamente íntimo que no tiene que estar relacionado forzosamente con una especie de anhelo inconsciente, sino más bien con lo que a cada persona le gusta experimentar, y no precisamente con lo que le gustaría ser (a ver si no resulto muy rebuscada, me aclaro: no es lo mismo desear experimentar la sensación de ser dominada a querer ser en realidad una persona dominada por otro, sin voluntad, etc. La diferencia quizá, está en la voluntad y en la capacidad de elección que, además, le da un elemento más de placer).[16]

Esto último permite ver con claridad lo que señalaba antes cuando describía los roles: la spankee es dominada pero, paradójicamente, por su voluntad. Rebeldía y sumisión en gozosa convivencia.

Hache (Spankee)

Para mí el spanking es una forma de entender mi sexualidad, no es una forma más, es mi forma. El sexo sin él está bien, afortunadamente es gozoso, pero no es ni parecido. Confieso que en todas mis relaciones "vainillas"[17] (que desgraciadamente ganan por goleada a las spanko) he tenido que hacer uso de mi imaginación. Cuerpo y mente en viajes diferentes.

Antes de conocer todo esto, antes de saber que incluso tenía nombre pensaba en ello sólo como algo físico, era mi cuerpo el que reaccionaba a una imagen, a una fantasía. Desde que el spanking y yo nos presentamos formalmente he ido descubriendo todos los matices que actúan en mis emociones, que traspasan el plano físico. Sorpresivamente para mí, se han convertido en la base de este juego. Ahora sé que lo que realmente me hace spankee es todo eso de lo que ya hemos hablado tantas veces: los detalles. Sentirse protegida, cuidada, controlada, la confianza, la entrega... resortes que encienden y preceden a la pura reacción física. He descubierto que si tuviera que renunciar a alguna de las dos cosas renunciaría al goce físico antes que al psíquico…

Una vez más, aquí vemos la paradoja creativa: sentirse protegida junto con la confianza y la entrega mutua.

María H. (spankee):

Para mí esto de los azotes es algo que tiene que ver con los sentidos y el cerebro ¿por qué mi cerebro se excita con los azotes?[18] Que más da, se excita y punto, consigue que mis sentidos se multipliquen, que las hormonas segreguen, que mi intelecto disfrute, que mis sentimientos estén a flor de piel, que sea el centro de la escena durante un momento, atención, protagonismo, relajación, entrega y abandono[19].

Protagonismo y entrega, atención y abandono. Una vez más.

Como segunda pregunta, se les pidió que hicieran algún comentario sobre la génesis de su preferencia. La pregunta se presentó en los siguientes términos:

“… supongamos que les pregunto sobre el origen del gusto por las nalgadas, por darlas o por recibirlas, y les digo que en ese sentido se ha argumentado de tres maneras:
una, que así se nace, dos, que hubo algo traumático en su vida que les llevó a convertirse en lo que ahora son, y tres, que más bien ha sido una decisión que se tomó en un determinado momento, y que el defender esa decisión, ha dado lugar a que su gusto se sienta colmado, ¿qué contestarían?

Las respuestas más significativas al respecto fueron las siguientes:

La bruja (spankee):

En cuanto al origen del gusto (...) Creo que a mí me lo disparó lo que llamas "evento traumático", pero estoy casi segura que lo tenía desde antes y que el evento sólo me hizo concientizarlo. Creo incluso, que puede haber algo hereditario y que el hijo de un spanko podría ser spanko. Creo que podría haber una mezcla de las tres opciones que sugieres y, además, creo que hay un factor cultural muy importante. Para nuestra cultura las nalgas son un elemento focal de erotismo y también lo son para el castigo (aún cuando ya no esté de moda, pero incluso los más jóvenes conocen su existencia), así es que desde niños relacionamos el erotismo con las palmadas en las nalgas, de eso a convertirse en spanker o no... pues creo que la experiencia de cada quien, la genética y mucho, muchísimo, diría yo, el valor y la sinceridad de aceptar lo que se desea y liberarse de prejuicios.

Gaviota (Spankee)

Sobre el origen del gusto. En mí... yo creo que es un gen... vete tú a saber cuál sea... pero debe serlo porque con el gusto nací. No recuerdo ningún suceso que me hiciera la luz... como que eso siempre estuvo conmigo desde la primera nalgadita que me dio el Doc. para respirar.

Hache (Spankee)

… Desde luego no es una decisión premeditada, la primera vez que tuve constancia de que unos azotes me producían sensaciones debería tener alrededor de siete u ocho años, a esa edad aún no tomaba decisiones (bendita edad). Tampoco ha habido nada traumático relacionado con esto que yo haya vivido o visto. Nunca me castigaron, nunca vi que lo hicieran a otros. Si hay algo en mi subconsciente que me ha traído hasta aquí, lo ignoro, y no creo que lo descubra nunca. Por lo tanto me quedo con la primera, nací así. Elijo esta opción aunque no me convence en absoluto. Es una cuestión de fe, no tengo donde apoyarla. El origen de las cosas va más allá de mi entendimiento, si tengo que optar por una de ellas creo que es la más fácil para mí; siempre ha liberado mi conciencia la causa ajena por lo tanto nunca he tenido la tentación de culparme de algo que hasta hace poco consideraba cuanto menos, raro.

Ahora que he echado la vista atrás intentando encontrar el principio me he dado cuenta que desde mi primer recuerdo algo instintivo me llevó a esconderlo. Describo la escena para explicarlo mejor: la familia alrededor de la tele, en ella la emisión de una serie que recreaba la vida de Winston Churchill, era el turno de contar su infancia en un internado inglés, castigo físico y esta niña de 8 años no quitaba la vista de la pantalla, algo en su estómago se movía. Debería ser tarde porque mi padre me sugirió ir a la cama con este razonamiento: “vete a dormir que esta serie no te gusta”, sin mirar a otro sitio que al frente, una contestación escueta: “si me gusta” y una certeza infantil que, ya digo, considero instintiva: “no debería de gustarme”. Ese día construí mi armario y me introduje en su oscuridad hasta hace muy poquito tiempo, en el que gracias a todos vosotros me decidí a abrir la puerta.

Carlos Cualquiera (Spanker)

… me parece que los gustos sexuales (los gustos en general!) no se "eligen" conscientemente. No es que uno se despierta una mañana y dice: "Hoy voy a ser spanker” (o zoofilo, u homosexual, o fetichista.. . u heterosexual, si vamos al caso). Sino que más bien algo se le impone "desde adentro"

María H. (spankee):

Y debe ser algo que venía de serie porque no recuerdo cual fue su comienzo.

Jano (Spanker):

… te diré que no me "pone" lo más mínimo dar azotes a nadie. Lo explico.

Si lo disfruto,- y mucho-, es por el placer que a ella le proporciona y revierte en el mío.

Es decir: no he nacido spanker ni suceso traumático alguno me ha llevado a serlo.

La segunda pregunta tenía la intención de provocar con los extremos de la naturalización o divinización (que para el caso es lo mismo) de lo sexual por una parte, y la absoluta capacidad para decidir sobre nuestro destinos en la otra. Optar por la primera me permitiría ubicar rasgos de conservadurismo, optar por la última me permitiría ver la conciencia de la innovación en los actos. Encontrar de las dos, fue confirmar que el cuerpo, a través del spanking, es una arena en donde se debaten dos marcos institucionales. Eso considerando que si en las respuestas a la primera pregunta se podían apreciar de manera mayoritaria sesgos de libertad e innovación militante, en estas últimas ocurre lo contrario, con lo que la contradicción inherente a los marcos institucionales propuestos se comprueba en la ambigüedad.

Conclusiones:

A través del análisis de una práctica de sexualidad alternativa, significo las posturas de sus practicantes en dos sentidos: como una manera de poner el cuerpo, y como una forma de representación de una contradicción entre marcos institucionales enfrentados. Por una parte el que pretende naturalizar las opciones en la sexualidad, y por la otra, el que responde a una actitud que he llamado militante, a partir de lo que sugieren algunas apreciaciones de Foucault.

El cuerpo, observado desde sus posturas, se evidencia como una arena de enfrentamiento en donde la sumisión y la rebeldía son factores claves.

Para que esto que afirmo tenga sentido, fue necesario desarrollar la idea del cuerpo como un dispositivo social en donde las instituciones se cristalizan de manera similar a como lo hacen en otro tipo de constructor sobre los que existe más literatura y consensos. Me refiero a las organizaciones o acciones organizadas con diferentes niveles de estructuración. Es decir, en este texto, se desarrolla la concepción de las posturas como formas institucionales hechas cuerpo.

El pilar o referente conceptual que permite desarrollar lo anterior, es el que constituye la definición de instituciones que aquí elaboro y que supone a éstas como aquellas que al incentivar un tipo de comportamientos son restrictivas (positiva a negativamente); que lo que restringen son prácticas que se consolidan cristalizadas en formas sociales que se estructuran con rasgos que le definen como tales, y que sólo podrán ser consideradas como instituciones, cuando han cubierto, con su forma específica, periodos prolongados de tiempo histórico.


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Zizek, Slavoj (1999) El acoso de las fantasías, México: Siglo XXI.



[1] Este ensayo fue publicado originalmente en Scribano, Adrián (Compilador) (2007) , Policromía Corporal. Cuerpos, grafías y sociedad, CENTRO DE ESTUDIOS AVANZADOS-UNC –Jorge Sarmiento Editor: Córdoba.

[2] Doctor en ciencias políticas y sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor Investigador del CUCEA-UdeG. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

[3] Colaboraron como asistentes para este trabajo, Ana Lilia Mosqueda e Irene Guadalupe Hernández.

[4] Una característica relativamente compartida, pero no por el total de las visiones institucionales consideradas para este texto, sería aquella que supone que las instituciones reducen incertidumbres en la interacción (o inter-pasividad Zizek Dixit) de los sujetos.

[5] Las citas aquí son textuales, lo resaltado en negritas es mío.

[6] En este caso, la postura corporal sería completada por el pecho hinchado, la espalda erguida, los brazos tensos, un poco abiertos y en un ángulo específico con relación a los hombros.

[7] Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales
(American Psychiatric Association) DSM IV, el Sadomasoquismo consiste en “una preferencia por actividades sexuales que implican el infringir dolor, humillación o esclavitud. Si el enfermo prefiere ser el receptor de tales estimulaciones entonces se denomina masoquismo; si es el que lo ocasiona, se trata entonces de sadismo. A menudo un individuo obtiene excitación sexual tanto de actividades sádicas como de masoquistas.

Es frecuente que se utilicen grados leves de estimulación sadomasoquista para potenciar una actividad sexual que por lo demás sería normal. Esta categoría debe ser únicamente utilizada si la actividad sadomasoquista es la fuente más importante para la estimulación o si es necesaria para la gratificación sexual.”

Tomado de http://www.psicomed.net/principal/dsmiv.html, consultada el día 21 de noviembre de 2006.

[8] Definición tomada de http://www.sadoyspanking.com.ar/spanking.htm, consultada el 20 de Noviembre de 2006.

[9] http://es.groups.yahoo.com/group/nalgadas_y_azotes/. Fecha de consulta: 2006-11-27

[10] http://mx.groups.yahoo.com/group/nalgadasmexicanas/

[11] Se realizó un resumen estadístico sobre las características de los miembros, basados en el estudio de una muestra considerada como representativa calculada con la siguiente formula[11]: Donde: n es el tamaño de la muestra; Z es el nivel de confianza; p es la variabilidad positiva; q es la variabilidad negativa; N es el tamaño de la población; E es la precisión o el error.

Para este estudio se estableció el nivel de confianza del 95%[11], con variabilidades del 50-50 y un porcentaje de error del 5%, se utilizó el método aleatorio simple para estudiar la muestra.

[12] Del total de hombres el 22% no declara su estado civil, los datos corresponden al porcentaje restante.

[13] Del total de mujeres el 21% no declara su estado civil. Los datos que se presentan son del resto que sí lo hace..

[14] El 59% de los hombres no declara su profesión.

[15] El 39% de las mujeres no especifica su profesión.

[16] Esto sin duda remite a una noción que Zizek (1999) trata de maravilla, la de descentramiento. Para él, esto designa “la ambigüedad, la oscilación entre identificación simbólica e imaginaria –la indecisión con respecto a dónde está mi verdadera clave, en mi yo “real” o en mi máscara externa, con las posibles implicaciones de que mi máscara simbólica pueda ser “más real” que lo que oculta, que el “rostro verdadero” tras ella.” (Zizek, 1999: 161)

[17] Así se les llama en estos grupos a aquellos que practican la sexualidad convencional.

[18] Esto remite al papel de la fantasía, ya habrá otra oportunidad de trabajar esto (ver Zizek 1999)

[19] El descentramiento presente.

¿Cuántos son muchos, pocos o demasiados?


Autor: anitaK[SW]


Como decía el gran cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa: “yo pregunto a los presentes, si se han puesto a pensar…”. Porque yo sí lo he pensado y me he hecho esta pregunta muchas veces con respecto a la vida de los spankos.


En algún momento de nuestras vidas descubrimos que somos spankos y que nos gusta alguno de los roles: spankee, Spanker, switch… Y es allí que la mayoría de nosotros decide hacer esa fantasía realidad y a veces lo logra, ya sea gracias a una novia o una prima que nos celebra unos azotitos en sus nalgas, o algún primo o novio al que provocamos para recibir alguna nalgada. Si eso no sucede, esperamos la llegada de ese spanko que complemente nuestra fantasía. A veces se da, a veces no. Pero hoy quiero hablar de cuando sí se da.


Quizás esté equivocada pero estoy convencida que el Spanking, una vez que lo probamos, se nos convierte en vicio. Es decir, no sabemos vivir sin él: se nos hace básico, imprescindible, esencial. Y allí comienza el verdadero “calvario”.


Les recuerdo que hablo de las personas que no tienen una pareja spanko estable y que se ven en la necesidad de salir a buscar con quién jugar. Visitan grupos, tratan de hacerse notar para que alguien se ponga en comunicación con ellos, o se mantienen en el anonimato por diversos motivos, pero siempre acechando en busca de un compañero de juego que lo complemente.


Los que tienen suerte, encuentran para jugar una vez luego de un tiempo de conversaciones, de algún encuentro en directo, de ver que sí hay “química” con el otro y que se puede confiar en él. Pero ese encuentro quizás se de una vez, y aunque todo quede bien, pasa que no siempre podemos coordinar con la frecuencia que quisiéramos. Puede ser por la distancia, por los horarios de trabajo, por la familia o por mil circunstancias más. Entonces repetir ese encuentro se hace difícil. Eso hace que la búsqueda comience otra vez y quizás se repita con la misma o seguramente con diferentes personas.


Si el spanko vive en una gran ciudad, quizás no tenga muchas opciones porque no conoce a mucha gente. Si vive en una ciudad pequeña, probablemente conozca a unos pocos o a nadie. Casi todos encontramos a nuestro compañero de juegos en otra ciudad. O en otro país, como es mi caso. A veces es fácil comunicarse, pero la mayoría del tiempo no es así.


Entonces… saltamos de un spanko a otro con la ilusión de que este sí sea el definitivo, pero casi nunca lo es. Así que miramos por un momento nuestro camino y contamos: uno, dos, cinco, veinte, cincuenta…


Entonces nos preguntamos… ¿cuántos Spankers o spankees son pocos, o muchos, o demasiados? ¿Cómo saberlo? ¿Quién lo puede decir? Yo creo que es una cuestión personal el decidir con quién se juega. Y que cada cual va a seguir buscando el compañero “ideal” hasta que encuentre uno que se ajuste a lo que desea o decida cesar su búsqueda y quedarse solo. También está la opción (para mí la más inteligente) de no buscar y simplemente esperar a que llegue; mientras tanto disfrutar al máximo de las compañías que se presentan.


Claro que si una mujer (aún hoy en día) decide elegir la última opción, corre el riesgo de que se la tilde de "promiscua”, “casquivana” o de tener “devaneos” con los hombres. Y lo más gracioso de todo esto, es que seguramente sea criticada por las otras mujeres, no por los hombres. Cosas de la vida spanka, ¿no?