domingo, 12 de marzo de 2006
¿Pubis silvestres, arregladitos o rasurados?
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La azotaina, una fantasía frecuente.

Fuente: http://es.geocities.com/bdsm_canarias
¿Cuánta gente comparte tu fantasía? ¿Es una perversión?¿De dónde te viene esta atracción tan irresistible por los azotes?Aquí encontrarás respuestas a algunas preguntas sobre el tema.
No estás solo
Dar o recibir un buen azote es una de las fantasías sexuales más comunes. Millones de personas en el mundo la comparten, aunque muchos la callan creyendo que se trata de algo anormal o vergonzoso.Basta con un pequeño paseo por la red para darse cuenta de que existen centenares de páginas web, la mayoría de ellas anglosajonas, dedicadas a los azotes (en inglés: "spanking"). Esas páginas son visitadas diariamente por centenares de miles de hombres y mujeres. De hecho, gracias a internet, personas que creían ser las únicas en el mundo en fantasear con azotes se han dado cuenta de que se equivocaban.
¿Cuánta gente tiene esa fantasía? Evidentemente, no existe ninguna estadística fiable. Un presunto "sondeo" publicado en una página web norteamericana afirma que alrededor del 15% de la población de los Estados Unidos siente atracción por los azotes. Aunque la fiabilidad de aquel sondeo es bastante dudosa, la cifra no parece exagerada.Lo único que se puede afirmar con certeza es que los azotes son una práctica sexual que gusta a muchísima gente. Es probable que todos los días te cruces sin saberlo con personas con los mismos gustos que tú: quizá tu jefe, tu asesor fiscal, tu repartidor de correos sueñe en secreto con volver a ser un niño malo y ser disciplinado por su madre con los pantalones bajados. Quizá a la ejecutiva con traje gris que ves correr por la acera enganchada a su teléfono móvil le guste convertirse, en casa, en una colegiala traviesa; vestirse de falda tableada y recibir de mano de su marido una enérgica serie de azotes en el trasero. Al fin y al cabo, son fantasías totalmente inofensivas.Pero la verdad es que todavía son pocas las personas que se atreven a admitir que les gustan los azotes.
Muchos hombres y mujeres permanecen casados durante años sin hablar de su fantasía con su pareja, ya sea por miedo a quedar en ridículo, o bien porque están convencidos de que se trata de un peligroso e inconfesable trastorno psíquico.Todavía se pueden leer libros o revistas que califican la fantasía del azote de "parafilia", de "perversión" o de "aberración sexual". De hecho, durante décadas se ha pensado que todo lo que no era sexo "normal" era perversión. Esa teoría freudiana ya no es admitida por los psicoanalistas modernos.
Hoy en día, se estima que no hay perversión en materia de placer erótico compartido entre adultos. O sea que la mayoría de quienes practicamos la azotaina (o quienes soñamos con practicarla) no somos perversos: no representamos ningún peligro para nadie. Pero si tu fantasía consiste en querer pegar a un niño de verdad o hacer sufrir a cualquier persona que no lo consienta, entonces ya sí que entras en el campo de las perversiones (y esta web no está hecha para tí).
En la mayoría de los países occidentales, la fantasía de la azotaina está dejando de ser un tabú. Revistas femeninas (entre ellas Cosmopolitan) han publicado amplias crónicas sobre el tema. En Francia, una cadena de televisión emitió a mediados de 2000 un reportaje sobre los adeptos de las azotainas. En 1996, la destacada periodista norteamericana Daphne Merkin, de la revista The New Yorker, obtuvo un enorme éxito de ventas con un ensayo titulado "Spanking: A Romance" ("Azotaina: una historia de amor") en el que confiesa y analiza su deseo de ser azotada.Así lo explica: "el hecho es que no puedo recordar una época en la que no haya pensado en ser azotada como un acto sexualmente gratificante, en la que no haya tenido la fantasía de ser reducida a un simple objeto de deseo por la mano firme de un hombre".Después de narrar su primera experiencia de azotaina erótica, poco antes de cumplir los treinta años, concluye: "había fantaseado sobre este acontecimiento durante tanto tiempo que en el fondo de mi espíritu siempre había persistido el miedo de que aquella gratificación resultase decepcionante. No debería haberme preocupado: la realidad del azote, al menos inicialmente, era tan buena como el sueño" (el libro completo se llama "Dreaming of Hitler" y fue publicado por las ediciones Harcourt Brace & Co. No existe traducción en español. Los que leen inglés pueden hacer el pedido en la librería virtual Amazon o, si viven en Europa, mejor en Amazon-Reino Unido).
Probablemente, la fantasía del azote es tan frecuente entre los hombres como entre las mujeres. Sin embargo, pocos hombres admiten que les gusta recibir azotes, como si el papel de "sumiso" atentase a su virilidad. También muchas mujeres se muestran reacias a vivir su fantasía, porque piensan que ser azotada es un acto degradante para la mujer. Ambos comportamientos llevan a una conclusión: lo ideal es practicar la azotaina erótica con una persona de confianza, con alguien que sepa escuchar y comprender, para no decir con un ser amado.
Una gran variedad de emociones misteriosas. Cada personalidad es un mundo y la fantasía del azote puede tener una infinidad de puntos de origen.Desde un punto de vista estrictamente físico, se considera que los golpes en las nalgas estimulan la llamada "esfera anal", que es una de las zonas erógenas más importantes del cuerpo humano. Algunos psicoanalistas sostienen incluso que la azotaina es un sustituto de la sodomización...Además del placer físico concurren una gran variedad de emociones más o menos misteriosas, como el placer de ser dominado, castigado, etc. que suelen tomar raíz, como todos los comportamientos sexuales, en lo más profundo de la infancia.
Es posible que a una persona le gusten los azotes porque le excita recordar los castigos físicos que recibía cuando era niño o niña. Una firme azotaina propinada en el trasero desnudo, tumbado con los pantalones bajados o la falda levantada sobre los muslos del padre o de la madre (en general la persona del sexo opuesto, aunque no tiene por qué ser así necesariamente) puede ser una de las primeras estimulaciones eróticas que uno recuerde, y tener un efecto importante en el desarrollo sexual.¿Por qué? Pues porque los padres juegan un papel clave en el desarrollo de la sexualidad de los niños, y porque en algunas educaciones excesivamente rígidas o tradicionalistas, las palizas son la única ocasión en la que el niño está en contacto físico con sus padres, o tiene la impresión de que estos se interesan por él. Otros padres explican a sus hijos que les pegan porque les aman. Este tipo de afirmación puede sembrar la confusión en la mente del pequeño, que asimilará los golpes a una demostración de amor y adoptará comportamientos masoquistas (algunos niños buscan el castigo físico). Pasada la niñez, muchas de las personas que recibieron ese tipo de educación recordarán los azotes como momentos de terror y de impotencia frente al mundo de los adultos. Pero algunas de ellas reaccionarán de manera exactamente opuesta, considerarán las azotainas como algo sexualmente agradable y querrán resucitar esas antiguas sensaciones de castigo en el marco de un juego erótico.
Sin embargo, también son muchas las personas que jamás recibieron el menor cachete durante su infancia, pero que tienen la fantasía de ser castigadas mediante un buen azote. En estos casos el origen de la fantasía es misterioso y casi imposible de determinar.Puede ser que dicha persona haya asistido a una escena de azotes siendo pequeña, sin recordarlo, y que aquellas imágenes queden grabadas para siempre en su subconsciente. También es posible que esa persona haya recibido un tipo de educación muy rígido y distante, con pocos contactos físicos (caricias, juegos, etc.) con los padres pero también sin castigos corporales, y que inconscientemente haya deseado ser pegada para atraer la atención. Todo son especulaciones, ya que ni los propios psicólogos entienden el mecanismo por el cual surgen las fantasías sexuales.Hemos hablado del placer de recibir azotes.
¿Y qué pasa con los que los propinan? En la mayoría de los casos, la gente que disfruta azotando no hace más que transponer en otra persona sus propias fantasías de recibir azotes: le gusta pegar porque le gustaría que le peguen a él.
Pero incluso una persona totalmente ajena a la fantasía del azote puede disfrutar muchísimo propinando un azote a su pareja, si a ésta le excita la sensación ser pegada. El espectáculo de una persona medio desnuda torciéndose de placer sobre tus rodillas mientras le aplicas un firme castigo con la mano sobre el trasero suele resultar altamente erótico incluso para quien no comparte ese tipo de fantasía. Siempre resulta agradable proporcionar placer sexual a alguien, sea cual sea el método empleado para ello. De hecho, para muchas parejas adeptas al "spanking", hacer el amor es la prolongación lógica de una buena sesión de azotes.Incluso se puede considerar que la azotaina en sí misma es una manera de hacer el amor. Como en una relación sexual "convencional", los preliminares y la indumentaria tienen tanta importancia como el acto final.
Y la verdad es que existen tantas maneras de dar unos azotes como maneras de hacer el amor. En condiciones perfectas y si el azotador o azotadora tiene un mínimo de experiencia, hasta es posible tener un orgasmo en el transcurso del azote.Una azotaina es un "proceso" en el que cada etapa tiene su importancia Una buena azotaina no son sólo golpes. ¿O acaso puedes imaginar una penetración sexual que no esté precedida de un mínimo de caricias y de estimulaciones? Una azotaina erótica exitosa obedece a un ritual, que puede arrancar de una infinidad de maneras según las fantasías de cada uno y concluir también de muy distintas formas. A algunos les gusta imaginar guiones, en los que juegan el papel del profesor severo y de la alumna desobediente, de la madre autoritaria y del niño malo, del jefe abusivo y de la secretaria, etc. En estas "comedias eróticas", la indumentaria (falditas de colegiala, pantalones cortos, ligueros y ropa interior sugestiva, etc.) suele aumentar el placer del juego y de su conclusión final. A otros les excita intercambiar azotes en el transcurso de una "pelea" erótica, desnudos en la cama. Otros prefieren escenificar castigos imprevistos ("¿Has roto un vaso? ¡Pues ya sabes lo que te espera después de la cena!").
Cada etapa tiene su importancia. La sesión empieza con el anuncio del azote (incluso se puede anunciar días antes para incrementar el deseo: "te iré a recoger al aeropuerto, y en cuanto estemos solos en casa te daré un buen azote"). Sigue con la bajada de pantalones y de la ropa interior (a unos les gusta que la bajada se haga de manera lenta y progresiva, mientras otros prefieren que se les arranque literalmente los calzoncillos o las bragas antes de empezar a pegar). Acaba con el castigo en sí mismo, que puede aplicarse con violencia o con dulzura, con la mano o con todo tipo de instrumentos. En esta categoría, casi todo es válido (aunque cuidado con las cañas de bambú, que dejan peligrosas heridas si no se saben usar): látigos, varas y palmetas; cinturones de cuero, ramos de junco, cepillos y hasta zapatillas. La elección del instrumento depende del grado de sufrimiento al que esté dispuesta a consentir la "víctima": mientras unos sólo soportan una leve cantidad de dolor, a otros les gusta sentir el escozor producido por la azotaina durante horas, e incluso días.Una regla de oro: jamás hay que dar un azote a su pareja cuando se está realmente enfadado con ella, en el transcurso de una riña. La azotaina perdería entonces su condición de juego sexual, lo que acarrearía gravísimas consecuencias. En cambio, un buen azote puede ser una manera idónea para restablecer definitivamente los puentes después de la reconciliación.
Para concluir esta larga explicación sobre el universo de los azotes, insistiré en algo esencial: la azotaina debería ser practicada con una persona de total confianza. Intentar vivir tu fantasía con alguien que no conoce y no respeta lo que eres y lo que sientes a menudo tendrá consecuencias desagradables, o por lo menos decepcionantes. Pero si vives una relación afectuosa y equilibrada con alguien, no deberías dudar en hablar con él o con ella de tu fantasía.Espero que esta página sea de tu agrado, y te deseo mucho placer explorando el delicioso mundo de las azotainas. Y no dudes en contribuir al desarrollo de esta web enviando tus comentarios y contando tus experiencias y tus fantasías o participando de cualquier otro modo.
jueves, 9 de marzo de 2006
Nalgadas castigo y sensualidad... juntas?
Expone: gaviBueno... paralelo al aspecto visual del sexo o no sexo en el juego de las nalgadas... en el cual parece haber un consenso en cuanto a que no se deben mezclar sexo Y nalgadas todo junto... o uno o el otro o uno primero y después el otro... entonces no resulta apreciada la visión de caricias y besos sexuales durante el spanking.
Pasando de la vista en fotos y demás gráficos a la práctica diré que me sucede lo siguiente: después de haber sido una acérrima defensora y practicante de las nalgadas castigo... en las cuales una se queja y patalea y pelea y no se deja... y el Spanker controla... domina... somete y regaña... y de haber sido toda esta actividad y seguirlo siendo... altísimamente excitante para mí... he incursionado... muy excitantemente también... en un híbrido!! jaaaa!... de nalgadas castigo con nalgadas sexo y vuelta al castigo y vuelta al sexo.
Herejía!!... porque entonces ¿¡qué pasa con el rol!?... ¿estás metida en un rol delicioso de niña mala regañada y castigada y, de pronto, eres tratada como una mujer?... qué pasa en la cabeza con ese cambio?
Lo que mi experiencia me permite decir es que... no pasa nada... ¿por qué? porque la mujer nunca ha dejado de estar y de ser una mujer... aunque esté boca abajo con el culete expuesto recibiendo nalgadas y pataleando y peleando... porque a esta mujer le gusta ser tratada como niña... pero sabiendo y estando segura que el Spanker lo siente igual... que una niña no lo es. Así que... tal vez con una capacidad de mutación asombrosa... ¡o no!... puedo pasar de sentirme la niña deliciosamente castigada a la mujer sensual... y después quedarme en la mujer sensual... ¡siendo deliciosamente castigada! j¡a!
Yo misma encontraba de flojera una azotaína sensual... ¡y lo sigo haciendo!... me siguen haciendo falta el regaño... la dominación... etc. ... sin embargo este hibridito que he descubierto... ¡no me disgusta nada cuando sucede! Así que... ¡¡que vivan las nalgadas de castigo!!... siguen siendo mis reinas... pero también!... ¡que viva la mujer que goza de las nalgadas recibidas como mujer!
¿Encontraré algún otro Spanker o spankee que puedan desrolizarse así?... o voy preparando mi pira de leña verde :)
Excitación visible

Autor: Fer
La excitación sexual, por suerte, en la mayor parte de ocasiones, es algo que sucede en nuestro interior. La frase tópica que todos conocemos y hemos leído muchas veces dice: “el cerebro es el principal órgano sexual del ser humano”. Aceptando que esto es así, que lo es; desgraciadamente un encéfalo es un órgano extremadamente discreto, no produce los incómodos y mecánicos latidos de un corazón, no palidece o enrojece como la piel, no emite borborigmos, esos ruiditos que hace el estómago y no cambia de tamaño o de forma como un músculo. El cerebro es silencioso e impasible. El cerebro es un kilo y medio de grasa de lo más inexpresiva salvo para las modernas técnicas de Tomografía por Emisión de Positrones (PET).
Sin embargo la excitación sexual tiene unas manifestaciones espectaculares en los órganos genitales y el spanking es uno de sus grandes estimuladores. Por lo que me cuentan mis amigas spankers, en los hombres spankees, dado lo escandaloso que es el pene en comparación con su primo refinado que es el cerebro, la excitación del momento es difícil de ocultar. Esta excitación puede ser incluso previa a los azotes.
La mujer es más discreta, se parece más al cerebro, sin embargo puedo decir que a mi la más excitante visión de un hermoso coñíto literalmente chorreando me la ha facilitado el spanking. Pocas veces he visto un sexo femenino tan hinchado y tan empapado como cuando he aplicado, supongo que con más suerte que destreza, una buena sesión de azotes a alguna spankee que se los había buscado.
Otro de los prodigios de los azotes eróticos, y por lo que éstos bien valen la pena, es convertir en visible lo invisible.
martes, 7 de marzo de 2006
¿Es el spanking una práctica en vías de extinción?

Autor: Fer
Si releemos a los autores de este blog, queda bien claro que el spanking data de la Era del Cromañón, que además actualmente está muy difundido en todas las latitudes, culturas y países y en nuestros días, gracias a Internet, goza de excelente salud.
¿Seguirá siendo siempre esto así? ¿O acaso el spanking goza de su Edad de Oro previa a su decadencia y desaparición?
Pese a su actual fortaleza, el mundo de los azotes eróticos, puede ser una práctica erótica que corra, con el tiempo el riesgo de extinguirse, como esas especies en peligro de desaparición que constantemente aparecen en los documentales de la televisión mirándonos con sus ojitos entre tiernos y acusadores.
En principio la práctica de los azotes deriva fundamentalmente del castigo proporcionado a niños, esclavos y esposas. Evidentemente todas estas actividades tienen su raíz en una estructura social patriarcal cuyas bases en la segunda mitad del siglo pasado, afortunadamente, han quedado muy socavadas. Hoy en día, en el mundo más o menos desarrollado y más o menos en desarrollo, no quedan esclavos, la mujer ha evolucionado -más que ningún otro grupo humano en un período de tiempo record- y pegar a un niño ya es un grave delito tipificado en el código penal en muchos países.
Quienes practicamos el spanking siempre bromeamos con ser aprehendidos, por error o por un exceso de celo de las funcionarias, por una brigada de policías que combaten el maltrato a la mujer.
La práctica de los castigos corporales en menos de 50 años, en principio, tendrá que haber desaparecido del planeta.
Hay algunos ejemplos de formas de obtener placer sexual que poco a poco van perdiendo sus referentes en las costumbres que se dan en el seno de la sociedad.
Algunas prácticas eróticas del fetiche medical, por ejemplo, se basan en procedimientos que hoy en día han desaparecido de la medicina actual y que los menores de 25 años prácticamente desconocen; tales como tomas de temperatura rectales, enemas y, muy pronto, supositorios e inyectables.
Hoy en día se toma la temperatura con unos asépticos termómetros electrónicos que se introducen unos segundos en el oído y obtienen una medida precisa. Claro que no me imagino un grupo de Yahoo dedicado a la toma erótica de la temperatura en el canal auditivo.
Los enemas solo se usan como preparación para colonoscopias (exploración visual del intestino mediante un tubo) o pre-parto, incluso en este caso están tan en tela de juicio como las episiotomías (corte quirúrgico de la vulva en el parto).
En cuanto a los supositorios e inyecciones, tan populares como temidos/deseados en otros tiempos, parece que les va llegando la jubilación con comprimidos, cápsulas, parches e inhaladores de todo tipo como vías de administración de fármacos más recomendables.
Afortunadamente en los últimos años los fisioterapeutas han inventado prácticas deliciosamente perversas como la reeducación del suelo pélvico...
¿Qué pasará entonces en el año 2106 cuando ya no quede memoria histórica viva de los castigos corporales? Ya sé que una de las respuestas inteligentes consiste en citar el ejemplo de miles de spankos a los cuales jamás sus padres les han puesto la mano encima ni han visto castigo corporal alguno en su infancia.
Pero... ¿y si los spankos del siglo XXII son como una especie de excéntricos conservacionistas, subvencionados por el Estado y patrocinados por firmas comerciales, que se reúnen en congresos para ver las Web del siglo XXI en ordenadores de museo frente a las cámaras del Canal Discovery?
¿Los más viejos de la tribu tendremos que comenzar a cuidar del Fuego Sagrado del Spanking?
domingo, 5 de marzo de 2006
¡Castigada en el rincón!

Autora: Mayte Riemens
Supongo que para todos los que compartimos esta afición, es más que claro que el spanking es un juego deliciosamente erótico, que se deriva de una práctica casi extinta, y me refiero –obviamente- al castigo corporal. Antes, aún cuando yo era niña, era bastante común que los padres corrigieran las faltas y travesuras de sus vástagos con “unas buenas nalgadas”. Frases como “síguete portando de esa manera y te voy a dar tus nalgadas” o “¡estate quieto o te nalgueo aquí mismo!”, eran más o menos comunes y solían provenir de unos dulces labios maternos o ir acompañadas de la dura mirada de un padre desesperado.
Cuando la falta lo ameritaba, las nalgadas se acompañaban de otros correctivos, quizá el más común era el que consistía en pasar un rato más o menos largo, de pie frente a un rincón o de cara a la pared. Nunca le he encontrado las cualidades pedagógicas a esta pena, pero mucho oí que lo que buscaba era que el infractor dispusiera de un tiempo, sin distractores de ninguna especie, que debería dedicar a reflexionar sobre su falta y a encontrar el arrepentimiento real, independientemente de que resultaba cansado y aburrido, por lo que su calidad de castigo no estaba en duda.
El tiempo en el rincón podía venir después de las nalgadas, o antes, si es que había necesidad de esperar a que el ejecutante del castigo llegara a casa o se desocupara de otras actividades más urgentes. Pero también, el rincón podía ser el único castigo y esto era más que común en el ambiente –siempre añorado por los spankos- del aula escolar.
El castigo en el rincón pobló mis fantasías infantiles tanto como las nalgadas, sería porque en las historietas, caricaturas y películas, aparecía como tema recurrente. Pero, además, el rincón sí era una realidad constante en mi vida. Algunas veces lo sufrí en carne propia y también pude verlo, aplicado en otros, en infinidad de ocasiones. Era un castigo muy socorrido en la escuela: cuando los maestros se hastiaban del mal comportamiento de alguno de sus alumnos, lo enviaban al rincón del aula y lo hacían permanecer ahí por un buen rato.
No he olvidado algunas de mis visitas a ese inhóspito lugar. En primer año, una maestra, conocida en el ambiente escolar como la peor de las brujas, me descubrió charlando mientras el resto de mis compañeros cumplían con el ritual diario de repetir en voz alta, de pie al lado del pupitre, las tablas de multiplicar. Como era de esperarse, me reprendió y quiso saber si ya me sabía las tablas… Terminé de pie ante el rincón, con los brazos estirados sobre mi cabeza. Y estuve ahí largo rato, hasta que la visita de la directora de la escuela me hizo volver a mi lugar, con los brazos entumidos y los pies cansados.
Pocos años más tarde, quizá en cuarto grado, una auxiliar de la dirección de la escuela nos pescó, a una amiga y a mí, cuando extraíamos un par de caramelos de la tiendita, obviamente sin pagarlos. Se nos armó la grande. Gracias a que no teníamos antecedentes, logramos evitar que nuestros padres fueran informados del hurto, pero estuvimos lo que recuerdo como un muy, muy, muy largo rato, castigadas frente a un rincón del despacho de la directora, sintiendo o imaginando, su mirada reprobatoria en nuestras nucas.
Al año siguiente, mi entrañable profesor de inglés –oriundo de Inglaterra y, según creo, spanker declarado- me envió castigada al rincón del aula, pues ya no toleraba mi mal comportamiento. Estuve ahí el resto de la clase y después, cuando todos mis compañeros habían salido del aula, el profesor me reprendió severamente y me dijo que, si por él fuera me pondría sobre sus rodillas, me bajaría los calzones y me daría unas buenas nalgadas. Creo que ese día nací como spankee, pues he de confesar que todo el barullo que hacía yo en clase estaba dirigido a atraer la atención de ese hombre que –a mis escasos once años- me despertaba una inexplicable atracción y admiración.
No sé si estos tres episodios de mi propia historia pueden explicar mi gusto por el rincón. Uno, por haber sucedido cuando era yo muy pequeña y por ello ser especialmente traumático, el segundo porque realmente la pasé muy mal cuando la directora me hizo ver que lo que había hecho era robar, acción especialmente fea y deleznable que me hacía sentir verdaderamente arrepentida, y la tercera… pues por el delicioso protagonista, destinatario ignorante de todos mis suspiros.
He sabido que a la mayoría de mis colegas spankees no les gusta el rincón. Les parece aburrido y consideran que puede dar al traste con todas las sensaciones generadas por la tunda precedente, que puede incluso, poner fin a la excitación lograda. En contraste, he notado que a la gran mayoría de los spankers les parece atractiva, y supongo que excitante, la visión de su spankee en el rincón. No soy spanker, pero a mí, me gusta y me excita el rincón.
Tomar a una spankee, colocarla sobre las rodillas y aplicarle unos azotes, puede ser logrado mediante el uso de la fuerza. No sucede lo mismo cuando se le envía al rincón. Para ello se requiere la aceptación, al menos la resignación de la spankee, y sobre todo, se necesita que el spanker haya sido suficientemente convincente con las nalgadas, para lograr la obediencia de su spankee.
Por supuesto, hay spankees sumisas que lo harán sin chistar. Yo misma podría ser una de ellas en algún momento. Pero hay otras que lucharán antes, durante y después de la tunda, para evitar ser azotadas. ¿Cómo lograr que estas rebeldes obedezcan la orden de permanecer en el rincón? Por supuesto, con más nalgadas, con amenazas de azotes cada vez más severos mientras más tarden en obedecer… ¡Mmmmmh! Deliciosas escenas que de sólo pensarlas me despiertan sensaciones exquisitas.
Lo que más me gusta del spanking es sentirme castigada. Saber que existe alguien capaz de imponerse a mi voluntad, alguien en quien puedo depositar todas mis confianzas y, de alguna paradójica manera, deshacerme de cualquier responsabilidad. Me gusta sentirme en manos del otro, saberme querida, cuidada, atendida… Algo hay también de esa admiración y atracción al ser más poderoso, al que todo lo puede y, por lo tanto, todo lo resolverá. Por eso es tan placentero luchar contra él, pues existe la certeza de que pese a toda la pelea, él terminará triunfando y me azotará, lo cual no hace más que confirmar y acrecentar esa sensación de que es poderoso y que me cuidará.
Pero también hay días en que una prefiere la pasividad. Jugar a ser la buena niña obediente que, temblorosa y asustada, se somete al castigo que sabe merecer, por más severo que éste sea. Qué placer, entonces, cuando el spanker ordena que te coloques en sus rodillas, qué delicia cuando te obliga a que tú misma te levantes la falda o te bajes los pantalones, qué excitación cuando, te ordena que te vayas al rincón y no te muevas. Y estar ahí, con las nalgas bien azotadas, calientes y enrojecidas, exhibiéndolas para él, con ese extraño sentimiento de vergüenza y placer mezclados, con el temor y la esperanza de que los azotes recomiencen si acaso te mueves un poco, es para mí, terriblemente excitante.
Un rincón de aperitivo es delicioso, pues te hace imaginar lo que sucederá después, te prepara para las nalgadas y comienzas a liberar fluidos, saboreando de antemano el momento exquisito de estar en sus rodillas, con las nalgas expuestas, recibiendo sus fuertes palmadas. Además, alarga la sesión y permite que el castigo inicie incluso antes de que él llegue a casa. ¿Cómo no derretirte cuando recibes un mensaje redactado más o menos así: Vete a casa y espérame parada en el rincón, con las bragas en las rodillas? El sólo leerlo me humedece. Y aunque él tarde más de lo previsto, disfruto cada minuto de castigo. No es aburrido cuando estás imaginando lo que pasará después, cuando te das cuenta que estás ahí jugando con él sin que él esté, cuando piensas en lo que él está imaginando mientras maneja [conduce] de vuelta a casa, desesperado por el tráfico y sabiéndote en la postura que él te exigió.
¿Qué tal un rincón entre tundas? Después de una buena nalgueada, te manda al rincón, a exhibir tus nalgas castigadas, a “buscar el arrepentimiento”. Estás ahí, a sabiendas de que no se ha terminado, que habrá más nalgadas, pero él juega con tu paciencia, con tu tolerancia. Quizá te está dando un respiro pues pretende continuar los azotes con algún instrumento. El rincón es como una pausa, como la nieve [sorbete] de limón entre dos platillos deliciosos de sabores muy fuertes. Quizá, solamente, le duele la palma de la mano y está descansando, o quiso fumarse un cigarro, pensando que la tarde será aún muy larga. En todo caso, saber que estás ahí, sólo mientras él se anima a continuar con los azotes, es muy excitante.
Y después, como postre del castigo pero como aperitivo para el sexo. El rincón te hace sentir castigada, pero también admirada. Sabes que él te está mirando, que repasa esa parte de tu cuerpo en la que se aplicó con deleite y que a ti te hace sentir tan deseada. Y cuando decide que el castigo fue suficiente, se acerca sin que lo puedas notar y comienza a acariciarte, besos en la nuca y en el cuello… sus manos pasean por tu espalda y tus nalgas y comienza a despojarte de la ropa que te queda… ¡Mmmmmh!
Por eso es que a mí, me encanta el rincón. Parece que soy un bicho raro entre las spankees. Infortunadamente, como si la Ley de Murphy fuera una condena, a mi spanker – a diferencia de la mayoría – no le gusta enviarme al rincón.
La desperada búsqueda

Autor: Antoine_X
Hace tiempo que tengo la idea de escribir un artículo para este blog, pero unas veces por desidia y otras porque es muy cómodo esperar a que los demás escriban en vez de ponerse uno a martillar el teclado no lo había hecho hasta ahora.
Desconozco la edad de la mayoría de vosotr@s, pero os desvelaré la mía, 24. En principio mi juventud debería de ser algo positivo para mi afición al spanking, muchos años por delante para practicar, mucha gente a la que conocer… Pero ciertamente dista mucho de la realidad. La mayoría de la gente que se atreve a decir que le gustan los azotes suele estar en la treintena, si no en la cuarentena, y esa edad por lo menos a mi me intimida. Es cierto que hay gente joven aficionada a las azotainas, pero al menos a mi me parecen una minoría. Espero estar confundido y recibir un alud de críticas después de publicar este artículo, porque eso significaría que la gente de mi edad se manifiesta, y es posible que dentro de poco tiempo uno se pueda armar de valor y con una copa en la mano acercarse a una chica y decirle me gustaría darte unos azotes encanto… pero bueno, eso forma parte mas bien de unas fantasías que creo que están lejos de verse realizadas.
También quería aprovechar estas líneas para hacer un llamamiento a tod@s para salir del armario spankófilo en el que nos vemos atenazados. No me refiero a gritar a los cuatro vientos que nos gusta dar o recibir azotes, sino a ser mas abiertos, porque la mayoría de los grupos son como una secta en la que hablan los mismo de siempre sobre movidas suyas, y nos desviamos del tema esencial. En la mayoría de las ocasiones, me siento como un criminal mandando mensajes desesperados dentro de una botella en algún foro o página de contactos spanking, para encontrar simplemente alguien con quien poder charlar un rato sobre nuestros gustos y aficiones spankófilas y al final descubrir que esa chica tan maravillosa con la que me llevo genial es de México, Argentina, Chile, etc.… debe de haber también españolas digo yo, y no me quejo por quejarme, sino simplemente porque me es imposible viajar tan lejos, ojalá pudiera.
Espero no haberos aburrido, y aprovecho para felicitar a gente que ha hecho este blog, porque creo que es mucho mejor que cualquiera de los grupos que he visitado en la red, y siempre he encontrado algo interesante que leer. No desfallezcáis y seguid así, la gente os lo agradece.
sábado, 4 de marzo de 2006
¿Enseñar o insinuar?

Autor: Fer
Muchos de nosotros además de spankers, spankees o switchs somos grandes voyeurs. Al menos en Internet, hemos dedicado horas y horas de nuestras vidas a ver dibujos, fotos y clips de azotes. Muchos hemos presenciado una azotaina por parte de terceras personas y a muchos, estoy convencido, les encantaría verlo.
Hahora vamos a hablar de fotos, videos y dibujos. En estas representaciones gráficas siempre aparece algún bonito trasero femenino. Hay desde fotos de aficionados que han hecho un pequeño reportaje casero y lo han colgado en la red, hasta fotografías con modelos profesionales muchos ellos de plástico. Hay fotos, dibujos y clips para todos los gustos.
Pero la pregunta es la del título de este artículo ¿qué te gusta más: ver o que te insinúen?, seas mujer u hombre, spanker, spankee o switch y sea cual sea tu orientación sexual, homo, hetero, bi, etc. La pregunta, esta vez, se refiere a los glúteos, ano y vulva femeninos. Por supuesto que podemos hacer muchas más preguntas, pero eso será en otro artículo.
jueves, 2 de marzo de 2006
El rol

Autora: Anita Forever
¿A cuántos de vosotros les ocurre lo siguiente?: Veis una foto, nítida, bien encuadrada y con buena iluminación, en la que se observa una nalgueada. Pero no os gusta, no excita, no… os dice nada. Y el único motivo es que la spankee se está riendo, o al menos sonríe.
A mí me sucede. El rol me resulta absolutamente imprescindible. Una spankee que no parezca estar sufriendo no parece una spankee. Una foto o un video en los que la persona azotada no muestra llanto, enfado o arrepentimiento no consiguen que nada se encienda en mí.
Me gusta luchar hasta la saciedad para que no me pillen, o para que no me pongan sobre las rodillas. Me gusta gritar y protestar durante todos y cada uno de los segundos que duran las azotainas. Me gusta adoptar la postura de niña ofendida y regañada, de novia malencarada, de alumna pillada in fraganti, de paciente impaciente. Me gusta enfadarme. Gruñir. Insultar. Y saber que con todo ello no hago más que alimentar la supuesta ofensa que pide castigo a gritos.
Y sin embargo… Bueno, todas lo pasamos bien cuando estamos sobre las rodillas de un spanker, ¿no? Si no fuera así… no, no sería spank. Nuestro juego es voluntario, maravillosamente erótico y ciertamente excitante. Nos encanta, pero luchamos para evitarlo, protestamos e inventamos mil y un trucos para que no ocurra. La mayoría nos hacemos las ofendidas cuando finalmente adoptamos la posición. Y eso me encanta, porque ambos sabemos que se trata tan sólo de un rol.
La maravilla del rol es la que nos hace poder jugar a través de Internet, porque nuestras palabras nos conectan directamente con otro tipo de sensaciones. Hablamos (al menos yo) con otros spankers como si fueran de verdad nuestros Tíos, Padres, Maestros… Como niñas pequeñas. Protestamos por cada frase amenazante. Criticamos hasta el último de sus consejos. Rezongamos y discutimos por todo. Y no hablamos de sexo. No hace ninguna falta.
El rol para mí es más fundamental que los azotes en sí mismos. De hecho, los azotes “per se” no me motivan. Unos azotes sin ningún tipo de intercambio verbal no significan nada. Es más, ni siquiera me resultan agradables. Pero en cuanto el rol entra en el juego… ¡Guau!
Bueno, y hasta aquí mi opinión. Me gustaría que contestaseis, que opinaseis sobre el rol. ¿Cuál os gusta (si es que os gusta alguno)? ¿Os hace falta a vosotros también? ¿O es algo absolutamente indiferente para el resto de la humanidad y resulta que sólo me excita a mí?
¡Feliz cumpleaños!

Autor: Fer
Hace hoy exactament un año así arrancaba nuestro bolg, con estas palabras en su primer artículo:
Sí señora, sí señor, es cierto, lo reconozco, me gustan los azotes, las nalgadas, el spanking, los chirlos, la fesée... ¿hace falta que diga que deben ser entre adultos y con previo consentimiento? Me gusta darlos en lindos culos femeninos, me gusta verlos como los dan, me gusta hablar de ellos, me relaja pensar en ellos, me gusta soñar con ellos...
Tal vez a ti te pase lo mismo que a mi y que a muchos miles, me atrevería a decir millones de personas que les gusta dar o recibir azotes, los más privilegiados les gustan ambas cosas y les dan nombre de interruptor en inglés o sea "switch", en la realidad o en la imaginación.
Si esto es así o simplemente eres curioso o curiosa y, claro está, mayor de edad de acuerdo a las leyes de tu país, bienvenida o bienvenido a este blog.
Hoy hay escritos más de 90 artículos y según nuestro contador, puesto hace unos meses ya hemos tenido más de 16 mil visitas y tenemos el honor de ser el primer blog en lengua castellana dedicado a los azotes eróticos consentidos entre adultos.
Este blog nos ha dado en su primer año de vida muchas satisfacciones, especialmente cuando ha sido visitado por personas que se inician en el mundo de los azotes y este blog les resulta algo así como un mapa o una brujula en su viaje hacia spankilandia.
No siempre es fácil sostener un blog, el día a día como en todas las cosas algunas veces resulta dificil de cubrir. Otras veces el blog ha sido fuente de alegría e ilusión, especialmente gracias a los excelentes artículos publicados por todos sus colaboradores. Este blog ha recibido muchos elogios por su carácter analítico, serio y en algunas ocasiones desenfadado también.
Sin embargo hoy, no quiero dejar pasar esta oportunidad para agradecer a todos los que han publicado artículos en el blog, gracias a ellos esta es una herramienta de comunicación con muchas voces, quiero expresarles a todos los articulistas mi enorme gratitud por haberme acompañado en este pequeño viaje consistente en escribir un blog; por supuesto también quiero dar las gracias a todos los que han aportado imágenes, a todos aquellos que han insertado sus comentarios, a todos aquellos que han visitado el blog, a los que han dado buenas ideas, a los que nos tienen enlazados y a todos los que nos han comentado de una u otra forma.
Aprovecho también para invitar a otros articulistas y, por supuesto, a nuevos lectores y comentaristas, a participar en este blog.
¡Muchas Gracias! ¡Feliz cumpleaños!
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