Autor: Ana K. Blanco
Cuando sueño despierta, fantaseo. Algunas fantasías que tuve durante muchos años se hicieron realidad, y eso es lo malo de las fantasías: que cuando se hacen realidad, dejan de ser fantasías...
He tenido fantasías toda mi vida, y ¿quién no? Fantasías económicas soñando qué haría con tal cantidad de dinero, fantasías familiares soñando qué pasaría si fulano vuelve a hablar con tío perengano, fantasías sexuales vainillas (me ahorraré el comentario) y fantasías spankos que son en definitiva las que nos interesan aquí...
Estas son las mías, y las comparto con ustedes.
Primera fantasía:Ser azotada por dos spankers.
Esta confesión pública ya la hice en diciembre del 2005 cuando escribí el relato
Los hermanos sean unidos. Pero mi fantasía podría venir a los tiempos modernos y ser algo como esto:
Al haber cometido un error imperdonable en mi trabajo, mi jefe inmediato es llamado por el

Gerente General para pedirle explicaciones por semejante negligencia. Mi jefe le explica que fue mi error y ambos me llaman a la oficina del Gerente General de la empresa. Allí ambos me sermonean sobre mis responsabilidades y me anuncian que seré castigada. Discuten entre ellos quién me castigará y deciden hacerlo los dos.
Primero lo hace mi jefe porque es mi responsable directo, y el Gerente lo guía en el castigo. Luego pasa a castigarme el Gerente bajo la supervisión de mi jefe. Y para finalizar me castigan al unísono. Mis pobres nalguitas recibirán la visita de instrumentos variados: mano, paleta, regla, cane, fusta... y hasta un rebenque.
¿Qué tiene de extraño o de loco esta fantasía? preguntarán ustedes. Pues... nada en realidad, pero... ¡qué morbo que me da pensar en ella!!
Segunda fantasía:Ser azotada en público.Aquí en realidad, la fantasía tiene más de un rumbo:
1) Echándole mano a los recursos modernos, podría ser una azotaina por internet, donde varias personas vieran el castigo. Los que participaríamos en el castigo, estaríamos con máscaras de forma que no se nos pudiera reconocer, pero aún así es una fantasía que más de una vez viene a mi mente. Esto me lo propuso una vez un spanker y me pareció horrible. Aún hoy me lo parece y sé que no lo haría, pero... "¡qué morbo que me daaaaaa...!"
2) En una reunión de amigos, que mi spanker me haga pagar en público una majadería: un capricho, desobedecer una orden, dejarlo mal parado con algún comentario, emborracharme y hacer algún disparate... Los amigos tomarían a broma que él me azotara las nalgas, pero ¡yo pasaría la vergüenza de mi vida!
3) En la vía pública, o en una plaza, o en un restaurante o pub: cruzar con la luz roja, arrojar desperdicios al suelo, tirar una copa y desparramar el líquido, pedir algo que luego no consuma, que me haga mal la bebida.... Todos sabemos que razones son lo que sobran.

¿Qué pensarían los transeúntes si mi spanker se parara en la esquina al lado del semáforo a nalguearme de pie?
¿Y qué dirían los transeúntes si se sentara en el banco de la plaza y me cruzara sobre sus rodillas para darme una buena azotaina?
¿Y qué tal si corriera su silla en el restaurante y me obligara a colocarme en otk?
La gente: asombrada. Yo: muerta de vergüenza. Mi spanker: ¡disfrutando del momento!
Y todo eso sin contar lo que me haría al llegar a la casa...
Tercera fantasía:Dominación, BDSM y Spanking: "LA" mezcla.Aclaro que no soy partidaria del BDSM, pero sí me gusta el spanking que contiene pequeños toques de Dominación, de Bondage y de Sado.

El lugar sería un sótano (¿dónde más?). Yo estaría atada de pies y manos, con venda en los ojos, recostada sobre una mesa o un caballete de spanking. No sabría de dónde aparecería el golpe hasta que lo sintiera en mi piel. No sabría si me estaría azotando una persona, o dos, o... No sabría si hay espectadores. Mi única visión sería la que mis oídos me permitieran percibir...
Ya con las nalgas muy rojas, sentir sobre ellas la cera caliente de una vela. Imagino la sensación de quemazón por cuestión de segundos.

Estar atada en diferentes posiciones que no sean forzadas, o sea, que no me obliguen a ponerme en posiciones demasiado incómodas. Que mi spanker me haga imaginar situaciones inexistentes, pero que yo sienta que son reales. Al estar atada y vendada mis sentidos se agudizarán y puedo tener más oportunidad de sentir placer, no sólo físicamente sino también mentalmente, pero éste último llevado a su tope máximo...
Mi fantasía se trata de goce a través del dolor, no del dolor por el dolor en sí. Me gusta sentir el placer que me regala ese dolor, pero cuando llega al techo o al límite en que el dolor es dolor solamente... ya pierde sentido para mí.
Estas son mis tres fantasías más locas, o por lo menos las que me dan más morbo. No quiero decir que para mucho de ustedes sean sosas, pero para mí son fuertes porque sé que siempre se quedarán en lo que son: fantasías. Porque si algún día se cumplieran, sería una pena porque... ¡dejarían de ser fantasías!
Ahora les propongo que cada uno de ustedes cuente cuál es su fantasía más loca, la que le parece irrealizable, la que más morbo le da, la que hace que los "ratones" que caminan en nuestro cerebro se conviertan en elefantes y nos coman la cabeza. ¿Quién se anima a contar?
Me quedo aquí, sentadita y esperando a que me den ideas para seguir fantaseando, para seguir sintiendo morbo, para saber que soy una depravada o sentirme como una monja de clausura...
A ver los valientes spankers, a ver las arrojadas spankees... ¿quién dice yo??