jueves, 20 de octubre de 2005

Sentimientos de una spankee obesa


Autora: Ana K. Blanco

Estimado Señor Diez:

La que suscribe, Ana Karen Blanco, mujer “entradita en carnes” o “gordita” como tú llamas a las de mi condición, quiere dar su punto de vista en este tema que le interesa y que conoce desde cortísima edad.

Es verdad eso de que la lucha contra la obesidad es una guerra, más que sin cuartel yo diría que sin treguas. Es una batalla diaria contra una enfermedad incurable que nos acecha 24 horas al día y que muchas veces nos camina por arriba y vence en muchas de esas batallas.

La palabra fácil no existe en nuestro vocabulario. Durante toda nuestra vida debemos convivir con esta enfermedad que, aunque muchas veces no sabemos cómo enfrentar, sufrimos sus consecuencias y vemos en nuestro cuerpo y en nuestra mente las cicatrices que nos va dejando.

Cuando en algún momento de nuestra vida nos preguntamos: ¿porqué justo a mí me tocó ser gorda?, debemos aceptar que quizás sea por herencia (padre, madre, u otro familiar). También debería aceptar que el cuerpo que tengo es el que me tocó, y que si tengo caderas anchas, por mucho que baje de peso seguiré teniendo las caderas anchas y se me achicará el resto del cuerpo.

Aceptar el propio cuerpo es algo difícil de lograr porque siempre querré ser más baja o más alta, o con las piernas así y las caderas asá y el busto de fulanita. Claro que esto no nos pasa solo a las gordas, sino a la mayoría de las mujeres, porque pasa por la aceptación del cuerpo y la valoración de uno mismo como persona y ser humano. El querer cambiar nuestro aspecto y nuestro cuerpo no es patrimonio ni privilegio de las gordas; también las flacas, pequeñas y grandes entran en este renglón. Pero ese es otro tema.

Yo creo que las dietas sí surgen efecto. Cualquier dieta que hagamos, más allá de los estragos que pueda ocasionar en nuestro organismo, nos hará bajar de peso. El problema no es bajar de peso sino mantener ese peso que hemos logrado. Entonces, ¿cuál es el secreto? Para mí, el secreto radica en los cambios que yo logre hacer: deberé cambiar mi forma de alimentarme y lograr hacerlo de forma sana y saludable, aumentar la actividad física o al menos comenzar a moverme más, pero también será importante cambiar la forma de comer y la actitud que tenga frente a la comida.

Veré los resultados con cualquier cambio que haga, pero… ¿podré sostener estos cambios en el tiempo? Eso es lo que quizás no comprendan las personas que no sufren esta enfermedad. Más de un flaco me ha dicho a lo largo de mi vida: “Pero ¡no es tan difícil! ¡Haz como yo, deja de comer lo que te engorda y ya!”. Ojalá fuera tan fácil, pero para nosotras no lo es. Si lo fuera, no existirían personas obesas en el mundo. Esta enfermedad es recuperable, pero no se cura. Como en una guerra continua, si uno deja descuidado cualquier flanco, pues por allí se meterá el enemigo. Hay que estar alerta en forma continua, sin bajar los brazos ni descuidar ningún frente, de lo contrario ese descuido nos puede costar 2 o 3 kilos.

Así y todo, hay personas que encuentran bellas nuestras redondeces. No es posible que solo los pintores de hace varios siglos vieran hermosas a las mujeres con unos kilos de más: ¿quién se atreve a negar la belleza de “Las Tres Gracias” de Rubens? Y hoy en día, hay artistas como Botero quien se deleita pintando y esculpiendo figuras de personas obesas y además… ¡las encuentra bellas!

Hoy en día, con la medicina basada en la evidencia, internet y los medios de comunicación, tenemos la posibilidad de estar más informados. Siglas como IMC (Índice de Masa Corporal), ICC (Índice Cintura Cadera), las 5 cifras de la salud (valor del colesterol, triglicéridos, glucosa, presión arterial y medida de cintura), tenemos más posibilidades de lograr un peso adecuado y mantenerlo por medio de una dieta saludable y SOSTENIBLE en el tiempo. Coincido totalmente que la dieta tipo Mediterráneo es la mejor, con una distribución de las comidas hecha en 6 veces en el día para lograr una curva de glucosa pareja. Una dieta así seguramente será la más acertada, y no lo digo como profesional pues no lo soy, simplemente hablo como gorda y lo digo por experiencia propia, pues yo logré bajar 37 kilos y sostenerlos durante años, sin dejar de comer lo que me gusta pero sí cambiando la cantidad, calidad y frecuencia de los alimentos que me consumo.

Ahora quiero llegar al punto que me movió a escribir esta opinión: la baja autoestima y la desvalorización. Todo un tema que también lo he vivido en carne propia y que lo viven muchas mujeres: gordas, anoréxicas o con peso normal, porque esta problemática no pasa por el peso sino por la actitud. Pero hablaré específicamente de las gorditas, o mejor dicho, hablaré de mí y mis sentimientos, y quizá alguna de las lectoras se verán reflejadas en mí como en un espejo.

A pesar del título quiero aclarar que no soy spankee todavía, pero sí soy obesa. Nunca llegué a tener obesidad mórbida, pero sí llegué a pesar 130 kilos (IMC grado 4) y la autoestima de la gente hiperobesa como yo es bajísima. ¡Hubo veces que me sentí con la autoestima tan baja que me podría haber tenido la altura de un sobre y pasado por debajo de una puerta!

Quizás fue por mi desvalorización y mi baja autoestima que como mujer obesa me entregué de la forma más absoluta y total a mi pareja. Como me sentía mal y me veía peor, quise quizás agradecer y no perder a esa persona que estaba conmigo y fui capaz de hacer muchas cosas para no perderlo, para que no me dejara, aunque por supuesto que en ese momento yo no me daba cuenta que era así. Entonces me convertí en una leona en la cama, amando y entregándome de manera tal que el hombre que estaba a mi lado no se fijara tanto en mi cuerpo sino en mi calidad amatoria. La que no perdonaba el estar obesa era yo, no él.

Hoy en día, el que me ve caminar por la calle, manejando el personal, tratando con diferentes personas, vendiendo y promocionando mi producto o llevando las riendas de mi negocio, lo que menos se imaginaría es que a veces resurge algún momento de desvalorización o de baja autoestima por mi obesidad. Me ven firme y segura, pero no siempre es así, aunque nadie lo sabe excepto yo.

En conclusión, mi querido Señor Diez y amigos de este blog, quería decirles que la parte emocional de la obesidad es todo un tema, y la entrega total (a veces no deseada) es el precio que pagamos las gordas para que el otro acepte nuestro cuerpo... y lo digo con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta!

Claro que con el correr de los años he aprendido que para que el otro me acepte primero me tengo que aceptar a mí misma, y en la medida en que yo lo haga también lo harán los demás.

Lo que todavía me cuesta es que me vean con poca ropa o sin ella, porque la guerra contra la obesidad ha dejado en mi cuerpo y en mi alma, cicatrices que recién hoy estoy aprendiendo a amar, porque son mis “medallas al mérito” en esta guerra de batallas diarias.

A los queridos hombres que también son obesos creo que se habrán sentido identificados en más de un párrafo. Es que más allá del sexo, la enfermedad y los sentimientos son similares. Y cuando escribía esto también pensaba en ustedes.

Un fuerte abrazo para cada uno de los lectores de este fabuloso blog!

Ana Karen (anakaren810 arroba yahoo.com.ar)

7 comentarios:

Fer dijo...

Es muy valiente, por tu parte, Ana K., compartir con nosotros todas estas vivencias.

Creo que son útiles para cualquiera, independientemente de su peso o estatura.

Me gusta mucho que te declares spankee, pese a que aún no estés "estrenada" como tal, sin embargo tienes la valía de una verdadera spankee expterta.

Granuja dijo...

Me ha encantado, como a Fer tu artículo, y yo también te aplaudo, pero quiero hacer un inciso.

Aparte del juego erótico de los azotes, por propio gusto, por fantasía o por diversión, he observado que no es raro encontrar falta de autoestima detrás de la búsqueda de azotes de algunas spankees.(No puedo hablar de spankees varones)

Partiendo de la base que considero normal que todos en algún momento de nuestra vida tengamos un "bajón de autoestima" lo que me llama poderosamente la atención es que en determinadas personas,(Algunas Spankees en este caso) exista una "necesidad" de ser castigadas, por "no dar la talla" "por sentirse culpables de ser obesos"(por ejemplo) "Por sentirse culpables de no llegar a ser de una determinada manera de ser idealizada"

En definitiva por ser cómo son y por no ser como les gustaría ser...

En un artículo que escribí en este mismo tablón sobre un libro de Paolo Coello, también resalté una alusión que se hace en el libro, de esta necesidad de purgar las culpas mediante los azotes que aparecía en el libro que comentaba.

Sin ningún ánimo de juzgar, ni de criticar a nadie, por buscar de la manera que puede o sabe, reconfortar su propia alma, me pregunto si no sería mejor APRENDER A QUERERSE, que buscar el castigo por ser o por no ser de una determinada forma.

A mi, me gusta el juego spanko, la complicidad, la picardía, la confianza que resulta tras una sesión, así como muchas otras "sutilezas" de este juego, pero precisamente, porque lo considero solo un juego más, dentro de la variedad de formas de relacionarnos entre los humanos, es por lo que me preocupa en cierta medida esta actitud.

Me repito, cuando digo que cada uno es muy libre de buscar reconfortar su alma como buenamente quiera o pueda, y que por supuesto lo respeto, pero yo prefiero o tal vez veo más sano a la persona que, (tal vez sin saber porqué) le excita o simplemente le divierte el juego de los azotes, y chincha o provoca con argucias o con excusas fútiles, para conseguir esos azotes, que aquel /aquella otra que busca purgar una "carencia" o un "exceso"
en su aspecto físico o en su personalidad.

Maria tersuer dijo...

Bueno Granuja, permiteme discrepar en cuanto buscamos el castigo por no dar la talla, o por que tengamos unos kilos de más. En mi caso empezé a autospankearme a la tierna edad de 12 años, en ese momento no era gordita, sino más bien todo lo contrario, y he seguido haciendolo hasta que encontre estas paginas donde se hablan de azotes, y he tenido la oportunidad de jugar en persona. Yo creo que más que buscar los azotes la gente que está pasada de kilos o no se consideran guapos, o más bien tiene la autoestima baja, yo creo que más bien es el contrario. Que muchas veces no nos lanzamos por miedo de no agradar al spanker

Besos Granujilla y saludos a todos quien lea este blog

Tersuer

P.D. Karen me senti muy identificada con tu post.

Anónimo dijo...

Pues yo no tengo problema en azotar unas nalgas gordas. Mucho mejor!! Si quieres estrenarte, Fer, dime donde y cuando..

Anónimo dijo...

Perdon, no era a Fer, sino a Ana K. Ana K, te azoto cuando quieras...

gavi dijo...

Uy... pues les cuento que... un Spanker ultra Spanker que ha azotado cualquier cantidad de culetes desde toda su vida... y que por lo tanto de ello conoce... en carne propia! jaaa... dice que... para él... azotar a una flaquita no es lindito... porque ya ven... delicaditos como son los Spankers :p ... resulta que se le lastima su manota! y lo dice en serio!! jaaaa!
Ana Karen... Rams qué gusto leerte... Sor Ter... ustedes tienen unos culos hechos para ser azotados!!... por carnocitos... por redonditos... por amplios!! dios!... saben cuantas nalgadas puede dar un Spanker ahí hasta quedar saciado??... lo aguantarán ustedes?? ñaca ñaca.
Un super besotote!... adoro su sinceridad... su valentía... su transparencia.
gavi

Ana K. Blanco dijo...

Hola a todos! Hacía tiempo que no entraba aquí y he leído y agradezco sus comentarios de corazón. Y quiero también hacer un inciso para decirle a Granuja que yo aprendí a amarme, y aprendí a amar cada una de estas "cicatrices de guerra" que me dejó la obesidad. No puedo hablar por las demás, pero en mi caso no busco que me azoten por ser gorda, porque entiendo que la obesidad es una enfermedad. Busco el azote por el placer que creo que me dará y por la maravillosa sensación que siento cuando veo una escena de spanking.
De todas formas, gracias a todos por sus palabras y a Fer por la oportunidad que me dio de expresarme.
Amigo Anónimo, tu oferta me hace mucho bien. Gracias y un beso para cada uno.
Ana K.